No es necesario emitir deuda para acabar con esta crisis

, 20/03/2020

La expansión del Covid-19 está llevando a la mayoría de países desarrollados a una crisis similar a la de 2008. El primer reto al que nos enfrentamos es encontrar la manera de volver a los niveles de actividad económica habitual. Esto pasa inevitablemente por encontrar una solución a la crisis sanitaria y, por tanto, hace necesario que todos los Estados movilicen el máximo de recursos posibles para detenerla. Necesitamos, de manera urgente, dotar a los servicios de salud pública de recursos materiales, humanos, tecnológicos, etc., de forma masiva, sin pensar en la factura, solo en las necesidades, y adaptar nuestro sistema de salud para tratar a enfermos críticos en cantidades inimaginables hasta ahora.

En paralelo, la parada de la actividad económica nos llevará a una bajada repentina de la demanda que reducirá enormemente los ingresos de los autónomos, las empresas, los trabajadores y que imposibilitará pagar nóminas, suministros, alquileres y deudas. En paralelo, el Estado sufrirá una disminución de ingresos fiscales y un incremento de los gastos: en sanidad, investigación y desarrollo, prestaciones de desempleo y otros estabilizadores automáticos y políticas discrecionales de compensación social a los colectivos y empresas más damnificados.

Para evitar una espiral negativa mucho más devastadora que la crisis del 2008, y las políticas que ayudaron a agravarla, necesitamos actuar en muchos frentes: garantizar unos ingresos mínimos a la ciudadanía (una renta básica de pandemia); liquidez a las empresas y a las entidades financieras; decretar una moratoria de contratos (de alquiler, hipotecarios, préstamos…); bonificar gastos de suministros o contribuir a pagar los salarios para evitar despidos.

Todo ello supone un gasto masivo, muy superior al rescate bancario que nos llevó al cambio del artículo 135 y el rescate europeo. Y para ello, necesitamos usar todas las herramientas de las que dispone la UE. Para financiar el masivo gasto necesario, hace falta que el BCE facilite a los Estados la posibilidad de hacer gasto anticrisis, por lo que debe transferir los recursos necesarios sin generar deuda ni imponer condiciones. Dicho de otro modo, esto equivale a que esta institución cree dinero de la nada y lo ponga, incondicionalmente, en manos de los Estados, sin contabilizarlo como déficit ni sumarlo a obligaciones futuras. Hacer un quantitative easing fiscal que gestionen los Estados es la manera de que se puedan repartir los costes de la crisis de manera equilibrada.

En el contexto actual, esta creación incondicional de dinero es una de las pocas (y más potentes) herramientas de las que disponemos para evitar una devastación socioeconómica propia de tiempos de guerra. No es aceptable que, como insinuó Christine Lagarde, el BCE abandone el “whatever it takes” (el compromiso de Draghi de que el BCE haría “lo que sea necesario” para salvar el euro) y pase a afirmar que “el BCE no está aquí para reducir las primas de riesgo” de la deuda de los países –estas están subiendo en los países de la periferia de la eurozona, en especial la de Italia– y que “hay otros instrumentos para ello”, refiriéndose a la posibilidad de que el gobierno italiano pida un rescate al Mecanismo de Estabilidad Europeo (MEDE), a cambio obviamente de las habituales reformas neoliberales. Esto ya se empezó a discutir el viernes pasado en una teleconferencia entre los ministros, según informa el Financial Times. Este cambio de posicionamiento político del BCE ha sido interpretado a la perfección por los inversores, que ya presionan al alza las primas de riesgo de los países periféricos al alza. No es extraño, pues, que encuestas recientes muestren que el 88% de los italianos considera que la UE no les ayuda en esta crisis y que casi un 67% crea que formar parte de ella es una desventaja.

Si esto continúa, Italia se puede encontrar ante el riesgo de quiebra. Para evitarlo, ya está emergiendo el relato de que hay que emitir un bono comunitario de deuda para crear una fiscalidad comunitaria como salvación.

Como ya se ha dicho, no hay que emitir deuda para salir de una situación tan grave como la actual, sino que las instituciones con capacidad de emisión de dinero sencillamente han de crear el dinero de la nada y transferirlo a los Estados. Si las élites europeístas intentan aprovechar esta situación de crisis para forzar más grados de integración europea mediante la creación de una fiscalidad común, corremos el riesgo de que una nueva crisis del euro se desencadene. Por lo tanto, para evitar una repetición de la crisis de deuda que sufrieron nuestros países en el período 2010-12, debemos tener claro que un bono de deuda no es necesario en estos momentos.

Si la presión sube en Italia, el contagio de España será inmediato. De hecho, este lunes, en la reunión del Eurogrupo, Italia y España pidieron poder usar los 410 mil millones de euros disponibles en el MEDE de forma incondicional para afrontar la crisis, pero la propuesta fue rechazada. De momento, el acuerdo en  la UE es destinar un exiguo 1% del PIB de gasto añadido y un 10% de garantías de crédito y aplazamientos de impuestos, siempre “dentro de las normas presupuestarias de la UE y respetando la sostenibilidad financiera a medio plazo”. Esta es la lógica de los paquetes anticrisis que han anunciado los gobiernos hasta el momento y que no serán suficientes. Si la UE no hace un giro de 180 grados y garantiza que los Estados tengan total libertad para afrontar la crisis, esta será su fin.

Así pues, es altamente probable que, como ocurrió en 2008, la expansión de la crisis de Covid19 sirva de detonador de las debilidades institucionales del euro. Las palabras de Lagarde la semana pasada y la decisión del Eurogrupo del lunes nos dan razones para el pesimismo en el medio plazo. Algunos Estados miembros ya han tomado, y otros deberán prepararse para ello, decisiones excepcionales, lejos de la ortodoxia neoliberal que ha gobernado la UE las últimas décadas.

En España, es conveniente que se active una mesa de diálogo social, con fuerzas políticas y representantes de actores económicos y sociales de todo tipo, ante la posibilidad de firmar unos nuevos Pactos de la Moncloa. Unos acuerdos que amortigüen los costes políticos de la toma de decisiones, distribuyan ponderadamente los costes sociales y hagan posible el mantenimiento de la estabilidad política del país. A medida que se alarguen las medidas de excepción, iremos viendo mejor la gravedad de la crisis, pero no podemos perder tiempo. Como defienden incluso economistas ortodoxos como Jordi Galí o Olivier Blanchard, este pacto transversal debe tener en el centro la movilización de todos los recursos necesarios mediante una financiación directa de los déficits (sea por parte del BCE, sin condiciones, o del banco central propio) que permita evitar que la economía se hunda. Parafraseando a Bernanke (expresidente de la Reserva Federal): “O actuamos ahora o mañana no tendremos economía”. El objetivo debe ser la rápida recuperación económica y evitar una recesión como la de 2010.

Por ello, es imprescindible encontrar espacios comunes con otros agentes económicos y políticos para llegar a acuerdos históricos en favor de un nuevo marco político y social que nos haga converger, en niveles de prosperidad, con los países europeos en mejor situación. El coronavirus ha demostrado que, efectivamente, sí se puede. El gobierno sí puede tomar medidas sociales, en pro del bien común. Salvador Ila nos lo confirmó el domingo al poner la sanidad privada bajo control de la pública. Y no podemos renunciar a ello y abandonar a los ciudadanos y dejar que la economía española se hunda en un pozo del que necesitaríamos más de una generación para salir.

Artículo originalmente publicado en CTXT: https://www.ctxt.es/es/20200302/Firmas/31416/crisis-economia-coronavirus-ue-deuda-medidas-albert-medina.htm

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