Ekona

El impacto del coronavirus y las posibilidades transformadoras de la respuesta

17 Mar 2020

En los últimos días muchas sociedades en todo el mundo se encuentran en estado de ‘shock’ por las medidas que se están tomando para combatir la propagación del virus Covid-19. La enfermedad amenaza con colapsar los sistemas de salud por la velocidad con la que se contagia, lo que podría provocar males mayores y poner en riesgo la población que necesitara ser atendida por otras causas. Las medidas de contención y mitigación del contagio van en la dirección de reducir a la mínima expresión nuestras interacciones personales, lo que supone detener la economía. Ya se ha declarado el estado de alarma y el paro general para confinar a la población. Sólo servicios básicos como los de la alimentación y la salud quedarán abiertos durante este periodo. La pregunta del millón es ‘¿qué consecuencias económicas puede tener este paro?’.

La necesaria intervención del sector público ante la crisis

Aunque ha habido interrupciones importantes en los suministros que vienen de China y se han parado algunas cadenas de valor globales, el problema principal lo puede causar la falta de demanda que provoque la pérdida de ingresos y la subida del paro que se producirá en este periodo de parada. ¿Por qué una falta de demanda temporal puede multiplicar sus efectos y provocar problemas mayores? Porque entramos en esta nueva crisis pisando sobre los cimientos que nos dejó la mala resolución de la anterior crisis: un mercado laboral devaluado y temporalizado; unos balances financieros frágiles tanto de las familias (a pesar de haberse reducido el endeudamiento hipotecario, éste sigue siendo muy alto), como de las empresas no financieras y de los bancos; una inversión extranjera en caída pronunciada desde finales de 2018; y una gran dependencia del turismo, un sector que quedará tocado durante meses o años.

La única manera de evitar que el choque se convierta en una crisis económica más profunda es que el sector público intervenga con contundencia para que las pérdidas no se multipliquen. El principal riesgo de estas situaciones es que se tarde demasiado en actuar y que las medidas que se tomen sean demasiado graduales y generen poca confianza. Podríamos decir que, de alguna manera, la crisis económica que puede generarse tiene algunas semejanzas con la propagación del virus, en cuanto a evolución sistémica: comienza con un evento puntual y localizado, que se difunde y genera un efecto contagio o efecto dominó . Si se detiene en las primeras etapas, puede quedar en un impacto menor, pero si se deja crecer, como comprobamos en 2008 cuando se dejó caer Lehman Brothers, el problema se puede volver masivo.

Ya hemos tenido los primeros ejemplos de cómo no se deben hacer las cosas con las medidas que ha propuesto el gobierno español. El presidente Sánchez expresó al estilo de Draghi (en referencia a su histórica intervención del julio del 2012 en la que detuvo la especulación contra el euro afirmando que harían lo que fuera necesario para salvar el euro), que “haremos lo que haga falta, donde haga falta, cuando haga falta”. Pero esta afirmación vino acompañada de momento de medidas tímidas: una inyección de 3.800 millones de euros extras para Sanidad, y 14.000 millones de euros destinados a moratorias y aplazamientos de los pagos de impuestos y las cotizaciones por parte de empresas y autónomos, líneas de crédito para empresas, mayor cobertura de la baja por enfermedad y ayudas para los que dejen de trabajar para cuidar a sus hijos durante el cierre de escuelas. La razón subyacente de esta timidez, como siempre, es la razón de estado de la Unión Europea: el cumplimiento con los objetivos de déficit y la reducción de la deuda.

Devolver la confianza en la gestión pública

El sector de la Salud se enfrenta a un gran reto, que necesitará todos los medios disponibles, públicos y privados, para poder aumentar la capacidad de atender a la población. La situación se corresponde, de alguna manera, a la de estado de guerra. El gobierno debería invertir según las necesidades de cada momento y en exceso, y no según las restricciones presupuestarias o las limitaciones de déficit. La historia nos dice que el endeudamiento público (o monetización del déficit) en estos momentos críticos de la historia permite al sector público asumir el liderazgo para coordinar e impulsar la economía y evitar que la sociedad se degrade por el miedo y el impacto de la crisis en la salud y la economía. Para ello, los gobiernos deben transmitir que nadie quedará desamparado. Es normal que la gente no confíe en las autoridades públicas en el neoliberalismo, porque lo que se ha transmitido durante las últimas décadas es que estamos solos frente a nuestro éxito o nuestro fracaso. La digestión de la crisis del 2008 fue muy dura y la falta de confianza en el sistema y en la política no ha parado de crecer desde entonces. Esta falta de confianza es lo primero que se debe abordar.

En cierto modo, esta es una oportunidad del Estado para recuperar la confianza de la población, perdida de forma acusada a partir de 2008. La confianza sólo se puede recuperar combatiendo el miedo con protección. Y ésta no puede ser de tipo retórico o posmoderno, que es lo que caracteriza la política en el neoliberalismo postcrisis. Debe ser material: garantizando con medidas económicas masivas que la población no estará sola ante lo que ocurra.

Convertir el miedo en potencial transformador

En paralelo al miedo generalizada de estos días, personalmente, he percibido muestras grandes de fraternidad, de necesidad de compañía y de formar parte del colectivo. Y no sólo de amigos y familiares, sino también de desconocidos con quienes hemos intercambiado sonrisas, palabras cariñosas y de apoyo en situaciones cotidianas. El miedo tiene estas cosas: por una parte nos puede aislar y separar, pero si conseguimos que no nos bloquee y nos damos cuenta de que todos lo estamos sufriendo al mismo tiempo, nos puede unir, y esto puede ser transformador. Los gobiernos deben entender esta fuerza social latente y asumir el liderazgo para cohesionar la sociedad y hacerla emerger en forma de solidaridad que permita construir una sociedad más sana. Hacer esto significa dejar atrás el neoliberalismo para siempre. Establecer rentas básicas temporales para la población, moratorias en el pago de las hipotecas, créditos al consumo, suministros y alquileres. Ayudas en forma de crédito y subvenciones a la industria, al sector de los servicios, y en especial de los sectores más informales y con menor red de apoyo. Y también: planes de apoyo, de formación y de creación de puestos de trabajo para aquellos que se queden en paro. Si no se hace esto, el impacto económico del bloqueo para los estratos más pobres de la población puede tener peor impacto en su salud que la misma epidemia.

Transitar el camino que deje atrás el neoliberalismo requeriría que los gobiernos recuperaran la soberanía fiscal necesaria para enfrentar la actual crisis. Cuestionar los tratados de la Unión Europea (UE) que imponen la austeridad y también sus instituciones, que durante estos años han reclamado e impuesto recortes en el sector de la salud de forma sistemática, y han extorsionado al gobierno español para que cambiara la Constitución y priorizara los acreedores por delante de los derechos fundamentales de la población española (véase aquí la famosa carta de Jean-Claude Trichet a José Luis Rodríguez Zapatero de agosto de 2011 que supuso el cambio constitucional, en la que le pedía que impusiera la austeridad si quería que el Banco Central Europeo [BCE] evitara la quiebra de España, en un contexto de máxima presión con la subida descontrolada de la prima de riesgo de la deuda).

Italia y el potencial de una nueva crisis del euro

La crisis de salud pública y económica que sufre Italia comienza a causar, de nuevo, dudas en el euro y subidas en la prima de riesgo. En su declaración del jueves, Christine Lagarde, la nueva presidenta del BCE, afirmó que “el BCE no está aquí para hacer reducir la prima de riesgo”. Para los que no lo sepan, en Italia la crisis del coronavirus ha golpeado muy fuerte y el país se encuentra en situación de paro general y confinamiento. Italia, además, tiene una situación económica muy mala desde su entrada en el euro, y el riesgo de quiebra del estado es real. De hecho, empieza a debatirse la posibilidad de que tenga que ser rescatada para evitar la quiebra, por lo que probablemente se necesitarían cientos de miles de millones de euros, una cifra astronómica. Con sus palabras, Lagarde deja claro que el BCE no comprará la deuda pública italiana de forma discrecional con el programa previsto para ello, la OMT (programa de compra massiva y discrecional de deuda en sus siglas en inglés) , si antes el país no firma un acuerdo de rescate con el fondo de rescate europeo, el Mecanismo Europeo de Estabilidad (MEDE), como establecen los tratados. A cambio, se entiende, habrá condiciones de recortes, privatizaciones y liberalizaciones. La situación de Italia tiene el potencial de crear una nueva crisis del euro y, por lo tanto, una crisis financiera global. Italia no tiene buenas cartas en esta partida.

Ante la posibilidad de un rescate de esta magnitud (no está claro que ni el Fondo Monetario Internacional [FMI] ni el MEDE pudieran facilitar tanto dinero) y los nuevos compromisos de reformas neoliberales que esto supondría para Italia, las consecuencias podrían ser devastadoras en este contexto. La mejor opción es preparar su salida de la Eurozona y liderar la creación de un nuevo régimen monetario europeo basado en la cooperación y la coordinación más flexible de los tipos de cambio entre los estados europeos. Ante las continuas extorsiones y atentados contra la soberanía que aplican las autoridades europeas en situaciones como la actual, en las que se necesita solidaridad y cooperación, los países más endeudados de la Eurozona, junto con Francia, deberían plantearse seguir a Italia y recuperar la soberanía monetaria y fiscal, reestructurar sus economías y replantear su marco de relaciones internacionales.

Subida del ultranacionalismo, el fascismo y la competencia entre estados

Afrontar la actual crisis económica y los retos relacionados con las crisis social y ecológica, requiere una reconfiguración del orden global que deje atrás las relaciones internacionales basadas en el mercado y la guerra. Esto pasa necesariamente por mayores grados de descentralización y pluralismo. Y también por un internacionalismo europeo basado en la cooperación regional y la paz, que favorezca la coexistencia pacífica entre Estados Unidos y China, al estilo de la que proponía Karl Polanyi en ‘La Gran Transformación’, en sustitución de la política exterior basada en el mercado y la carrera armamentista. Recordemos, en este sentido, que el europeísmo del ‘más Europa’ confía su proyecto de integración a la construcción de un ejército europeo que nos haría la primera potencia militar a Europa, muy por delante de Rusia para, supuestamente, defendernos de un enemigo externo, que sería en principio la misma Rusia, aunque también de manera creciente China e incluso de unos EE.UU. proteccionistas descontrolados.

Esta estrategia política para crear un estado supranacional europeo es peligrosísima, porque requiere a las élites encontrar un enemigo externo que ‘amenace el estilo de vida europeo’. Este camino lleva irremediablemente al nacionalismo y al imperialismo (en este caso europeo), a la locura y a la guerra (véase aquí la interesante propuesta de Wolfgang Streeck, de la que he extraído ideas para este artículo, ‘El sistema estatal internacional después del neoliberalismo: Europa entre la democracia nacional y la centralización supranacional’). De hecho, en Europa presenciamos nuevamente la subida del ultranacionalismo y del fascismo. Crecen impulsados por la competencia entre estados a través del mercado y de los imperialismos ‘blandos’ impuestos por Alemania y EEUU desde las instituciones de la UE, que de manera principal sirven a los intereses de la industria alemana y del sector financiero de Wall Street y la City de Londres.

¿Como superar el actual régimen de la financiarización que hace aguas?

Este es el debate principal de las soberanías. La banca europea está en quiebra, las grandes empresas tienen niveles de endeudamiento elevadísimos y los estados también. Las bolsas están también hinchadas (y lo estaban más antes de los movimientos de los últimos días) y los bancos centrales cuentan con estrechos márgenes de intervención si no recurren a políticas fiscales. Por no hablar de la disfuncionalidad de los sistemas políticos, causada por la falta de credibilidad de estos entre la población. Esta crisis de salud pública puede ser el inicio del fin de la financiarización y una nueva oportunidad para que los estados recuperen competencias que se entregaron a instituciones dominadas por el gran capital. Se abre la posibilidad de construir un nuevo orden internacional más democrático, pero también supone un riesgo de nuevas estafas como las que se produjo en 2008 que profundicen el modelo oligárquico transnacional imperante.

En definitiva, sin ser ingenuos sobre la dificultad de la tarea, podemos aprovechar esta crisis para encontrar la fuerza que otorga pertenecer al colectivo, que confía en el liderazgo público inclusivo y contundente. Esto sólo podrá hacerse si exigimos a nuestras instituciones y nuestros gobiernos que eviten una nueva estafa, y que actúen en la dirección de lo que he comentado, ayudándonos a hacernos fuertes, a cohesionarnos y a ser solidarios ante el enorme reto de transformar el mundo en un corto período de tiempo.

Sergi Cutillas

Artículo originalmente publicado en Crític: https://www.elcritic.cat/opinio/sergi-cutillas/el-impacto-del-coronavirus-y-las-posibilidades-transformadoras-de-la-respuesta-52317

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Petrodólar 2.0

Henry Kissinger viajó a Riad (Arabia Saudí) en 1974 para presentar a la familia real saudí una propuesta que pudiera aliviar los problemas financieros derivados de la crisis del petróleo, la guerra de Vietnam y el abandono del patrón oro, con el fin de evitar una pérdida significativa de su poder económico e influencia a nivel mundial. El acuerdo con la Casa de Saud fue el siguiente: a cambio de equipamiento militar avanzado y formación, junto con garantías de seguridad, Arabia Saudí utilizaría exclusivamente dólares estadounidenses para la fijación de precios y la venta de petróleo[1]. Otros países de la OPEP siguieron su ejemplo en 1975, aunque no obtuvieron el mismo acuerdo que Arabia Saudí. Dado que prácticamente todo el mundo importaba petróleo de la OPEP, todo el mundo necesitaba ahora dólares. Esto restableció la demanda del dólar en los mercados de divisas. Esto reforzó el dominio del dólar como moneda de reserva mundial. El dólar ya no estaba respaldado por el oro, sino por el «patrón oro negro». A partir de ese momento, el mundo tuvo que hacerse con dólares para poder comprar petróleo. La forma más fácil de tener dólares era comprar deuda pública estadounidense. Esto posibilitó en las siguientes décadas la creación de un sistema financiero global dependiente de los intereses estadounidenses. Un mundo en transformación Gracias al petrodólar, Estados Unidos ha creado un sistema de control geopolítico sin precedentes en la historia. Aunque actualmente los dólares se crean principalmente en el seno del sistema financiero privado y no a través de la Reserva Federal, el sistema que vincula el dólar al comercio del petróleo mantiene un marco de control geopolítico. 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No fue la primera medida, pero sin duda fue una de las más significativas: Arabia Saudí decidió no renovar este acuerdo del petrodólar cuando expirara el 9 de junio de 2024. Esto permitió a Arabia Saudí empezar a vender petróleo en monedas distintas del dólar estadounidense, lo que podría debilitar el dominio del dólar si esto supone el primer paso de la creación de un sistema que sustituya al mercado que ha estado sosteniendo el dólar. La creación del BRICS como foro de colaboración entre los países del Sur Global representa un contrapeso simbólico y práctico al dominio estadounidense, tal y como demuestra su nuevo sistema de pagos. Al intentar eludir el sistema de pagos SWIFT, controlado por Estados Unidos, estos países también evitan las crecientes sanciones económicas impuestas a las naciones que no se alinean con los intereses estadounidenses. Aunque BRICS Pay sigue en fase de desarrollo y aún no es plenamente operativo, forma parte de un esfuerzo estratégico más amplio para reducir la dependencia del dólar estadounidense, reforzar la soberanía financiera y crear una infraestructura de pagos global alternativa al margen de los sistemas controlados por Occidente[2]. La geopolítica a toda velocidad En los últimos años, y especialmente en los últimos meses, EE. UU. ha llevado a cabo una serie de medidas que pueden interpretarse como un intento de mantener su dominio sobre el mercado energético, al tiempo que preserva el papel internacional del dólar y reduce los riesgos de su pérdida gradual del estatus de moneda de reserva. Esta estrategia se basa en una triple forma de control:     Control sobre los yacimientos petrolíferos.     Control sobre las rutas de los flujos físicos.     Control sobre los flujos financieros generados por la industria de los combustibles fósiles. En realidad, el enfoque actual de EE. UU. no difiere mucho del histórico «sistema del petrodólar». Las dos primeras medidas de control se refieren al aspecto físico del «concepto del petrodólar», mientras que la tercera pertenece a su dimensión monetaria. Sin embargo, quizá lo novedoso en este caso resida, por un lado, en el grado de agresividad mostrado —algo nuevo para nuestra generación— y, por otro, en algunas de las tácticas específicas empleadas, como las destinadas a controlar las rutas de tránsito. En cuanto a esto último, cabe señalar que ello podría poner en peligro la libertad de navegación en los mares, un principio garantizado en gran medida por la Armada de los Estados Unidos y que se ha dado por sentado en el sistema económico mundial durante muchas décadas. Control sobre los yacimientos petrolíferos Los orígenes del petrodólar ayudaron a Estados Unidos a ejercer influencia sobre una gran parte de los yacimientos petrolíferos de Asia Occidental. 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¿Se puede realizar una investigación integral en España? El caso de la DANA de Valencia de 2024

La dana ha puesto de relieve la necesidad y la conveniencia de disponer de una estructura muy organizada de investigación integral e interdisciplinaria que permita extraer aprendizajes de fenómenos complejos para adaptarnos como sociedad,reduciendo riesgos y daños potenciales asociados, de forma que también se puedan aplicar a situaciones parecidas en otros territorios.Un estudio de estas características, además de su indudable utilidad científica, tendría una relevancia sociopolítica sin precedentes, puesto que permitiría crear las estructuras y establecer mecanismos y procesos que posibilitaran emprender investigaciones integrales en relación con otros fenómenos y en otros lugares.En consecuencia, proponemos impulsar un estudio integral, sostenido y coordinado entre los tres niveles de gobierno del Estado, con datos abiertos, métricas comunes y un bucle de evaluación-aprendizaje; articular el conocimiento en red para su traslado a políticas públicas; construir una red coordinada de conocimiento alrededor de la dana, y vincular de manera sistemática investigación y políticas públicas para avanzar en resiliencia. Este enfoque permitiría capitalizar los aprendizajes de la dana de 2024 en la Comunidad Valenciana y fortalecer la preparación ante acontecimientos futuros en todo el territorio. Este extracto forma parte del capítulo elaborado por Ekona y la profesora Olga Mayoral para el informe Aquello que tenemos que aprender de la dana de València, que se presentó el 9 de junio de 2026 en octubre Centro de Cultura Contemporánea (OCCC), corresponde al Informe Transversal del Instituto de Estudios Catalanes (IEC) de 2025, coeditado con Publicaciones de la Universitat de València (PUV). Recoge las voces y reflexiones de Ekona y de 21 expertos y expertas más sobre la catástrofe de la dana que afectó el País Valenciano en octubre de 2024. El informe Aquello que tenemos que aprender de la dana de València se puede encontrar en el siguiente enlace (en catalán): https://puv.uv.es/documents/get/document/id/7857/allo_que_hem_aprendre_dana_valencia_mostra.pdf
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La DANA como factor integrador de la investigación en el Parc Natural de l´Albufera

La DANA del 29 de octubre de 2024 no solo alteró el territorio del Parc Natural de l’Albufera (PNA), sino que transformó su ecosistema investigador. El aumento de estudios, la ampliación de enfoques y la aparición de nuevas colaboraciones revelan un impulso hacia formas de investigación más integradas. En un contexto donde la Comisión Científica ya articula el conocimiento del PNA, se evidencia el valor de avanzar hacia una visión multidimensional para mejorar la comprensión y la gestión del territorio. La DANA ha actuado como factor integrador del ecosistema investigador vinculado al PNA. Ha impulsado una evolución en la comunidad científica, motivando que grupos tradicionalmente centrados en áreas específicas amplíen o redefinan sus objetos de estudio para incorporar dimensiones que previamente quedaban fuera de su foco. Paralelamente, ha incrementado la visibilidad social e institucional de la actividad investigadora, reforzando el reconocimiento de su valor público. Este proceso se ha concretado en nuevas contrataciones, colaboraciones interdisciplinares y espacios de encuentro entre equipos y actores que anteriormente operaban de manera fragmentada. Esta dinámica emergente sugiere la posibilidad de un cambio de paradigma: pasar de una producción de conocimiento fragmentada a una investigación más integral, coordinada y orientada a la gestión del territorio. Sin embargo, persiste la duda de si esta tendencia responde únicamente a una reacción temporal ante la gravedad del evento o si constituye el inicio de una transformación más estructural en la organización de la investigación en el PNA. En un escenario donde la evolución fuera pasajera, los efectos se limitarían a resolver problemas concretos derivados del episodio, sin implicaciones duraderas. En cambio, si se trata del inicio de una fase de cambio profundo, los beneficios de avanzar hacia una mayor integración serían más amplios y sostenidos. Estos beneficios, coherentes con los marcos conceptuales sobre investigación integral e interdisciplinaria revisados, destacando las ventajas de un enfoque coordinado frente a los estudios parciales realizados hasta la fecha. A partir de la nueva tendencia emergente descrita se abren dos retos: 1.Continuar recopilando información que permita determinar si se trata de un cambio estructural y duradero o de una reacción temporal ante la gravedad del evento. 2.Promover que tanto las instituciones de gestión como las de investigación consoliden este enfoque, incorporando los estudios integrales de manera estable en sus agendas científicas y de planificación territorial. Avanzar en esta dirección permitiría construir una infraestructura robusta de conocimiento aplicado, reforzar la resiliencia del Parque Natural y aportar un modelo replicable en otros territorios expuestos a riesgos climáticos complejos. Para consolidar esta transición hacia una investigación más integrada, resultaría clave el papel coordinador de estructuras ya existentes, como la Comisión Científica del Parc Natural de l’Albufera y la Estación Biológica de l’Albufera (EBA), que actúen como plataformas estables para articular, dar continuidad y facilitar la transferencia del conocimiento científico hacia la gestión del territorio. O. Mayoral y P. Cotarelo Resumen de un póster presentado en las II Jornadas de la Comisión Científica de la Junta Rectora del Parc Natural de l’Albufera “L’Albufera. I ara què?” celebradas en el Jardí Botànic de la Universitat de València los días 26 y 27 de noviembre de 2025.
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El cambio climático como indicador de calidad de la formación del profesorado

La crisis climática representa uno de los desafíos más urgentes y complejos denuestro tiempo, con implicaciones ambientales, sociales, políticas y éticas. Estecapítulo plantea que el cambio climático no debe abordarse únicamente comoun contenido curricular, sino que, debido a sus particularidades, se puedeutilizar como un indicador multidimensional y transversal para evaluar lacalidad de la formación docente. Para ello, se centra la atención en el propósito que persigue el procesoformativo, cómo se construye y de qué maneras se persigue en el contexto dela realidad del mundo actual. En particular, se analiza la noción de agenciapolítica como propósito de la competencia climática, todavía poco presenteen la formación inicial del profesorado. Se propone que dicha competenciano se limite a transmitir información científica o fomentar conductasindividuales, sino que incluya el desarrollo de capacidades para intervenir enlos procesos de toma de decisiones y en el diseño de respuestas públicasfrente a la crisis climática. El texto se estructura en torno a tres objetivos principales: examinar lascarencias actuales de los programas formativos en relación con laalfabetización climática; argumentar por qué la agencia política debefundamentar el propósito y formar parte del núcleo de competenciasdocentes; y proponer herramientas conceptuales y metodológicas parasu integración curricular. A lo largo del capítulo, se presentan marcosanalíticos, mapas de necesidades formativas y metodologías activas quepermiten avanzar hacia una alfabetización crítica y situada. Finalmente, sedelinean posibles líneas de investigación orientadas a diagnosticar y mejorarla incorporación de esta competencia en los distintos niveles y ámbitos delsistema educativo. El texto anterior forma parte del resumen de un artículo publicado en el siguiente enlace: https://www.miteco.gob.es/content/dam/miteco/es/ceneam/grupos-de-trabajo-y-seminarios/investigacion/XVIII%20Seminario%20Investigaci%C3%B3n%20Educacion%20Ambiental%20y%20Educaci%C3%B3n%20para%20el%20Desarrollo%20Sostenible.pdf.pdf P. Cotarelo y O. Mayoral
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Creación de un indicador compuesto para medir el desempeño universitario en la aplicación de la Agenda 2030

Naciones Unidas ha destacado el papel de la Universidad en la promoción e implementación de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) definidos en la Agenda 2030. La educación e investigación universitarias, su capacidad de innovar, liderazgo social y posición privilegiada para trenzar alianzas intersectoriales, la sitúan como un actor esencial de la transición ecosocial. En el contexto de un proyecto de creación y desarrollo de un Observatorio universitario de seguimiento de la aplicación de los ODS de la Agenda 2030 en la UCM, se realiza la creación de un sistema de medición del desempeño de la universidad en dicha aplicación de la Agenda 2030, en coherencia con las inquietudes sociales, las preocupaciones de la comunidad universitaria y las declaraciones institucionales de las personas representantes de la propia entidad. La metodología empleada se basó en el “Handbook on Constructing Composite Indicators” de la OECD y el JRC para crear un indicador compuesto que permitiera resumir fenómenos complejos de manera simple, comparar entre actores similares con facilidad, y ofrecer información representativa. Las fuentes de los datos empleadas fueron diversas: fuentes online; consultas directas mediante los canales ofrecidos por la Universidad; entrevistas a actores relevantes de la Universidad con diferentes perfiles, experiencias y aproximaciones a la temática; obtención directa de datos mediante la observación in situ; y una encuesta dirigida mediante el Observatorio del Estudiante de la Universidad. Para la definición de los indicadores, un grupo de 30 investigadores e investigadoras de diferentes facultades utilizaron tres niveles de análisis de la actividad universitaria: campus, docencia e investigación, discursos y prácticas institucionales. Como resultado de ello se establecieron indicadores para cada uno de estos tres niveles de análisis referidos a todos los ODS. Tras el proceso de normalización, ponderación y agregación se consolidó un indicador compuesto de más de 400 indicadores, divididos equitativamente en los tres niveles de análisis. Únicamente para una tercera parte de estos indicadores se obtuvieron datos fiables en el primer año de aplicación (2024). El resultado del indicador compuesto en estas condiciones concedió a la Universidad un grado de desempeño medio-bajo. Si bien el número de indicadores utilizados para la construcción del indicador compuesto es suficiente para dar valor a la calificación media-baja de la universidad, estos resultados deben ser corroborados en años sucesivos con el trabajo de recopilación de datos para alcanzar grados de representatividad más cercanos al 100%. Por otra parte, es necesario señalar que, tanto el número de indicadores que conforman el indicador compuesto como sus estándares, también forman parte de un proceso vivo que se alimentará cada año a partir de los resultados iniciales. La revisión de los estándares de los indicadores del sistema establecerá objetivos progresivamente más ambiciosos hasta alcanzar el óptimo para cada uno de ellos y en conjunto en 2030. P. Cotarelo El texto anterior forma parte del resumen de un artículo publicado en el siguiente enlace (págs. 349-358): https://www.miteco.gob.es/content/dam/miteco/es/ceneam/grupos-de-trabajo-y-seminarios/investigacion/XVIII%20Seminario%20Investigaci%C3%B3n%20Educacion%20Ambiental%20y%2
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Reconocimiento por la labor sobre la DANA

El Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades ha reconocido el papel que ha jugado Ekona en colaboración con Olga Mayoral, subdirectora del Jardín Botánico y profesora de la Universidad de Valencia, al organizar espacios de diálogo y encuentro entre investigadoras e investigadores de disciplinas muy diversas que trabajan en territorios afectados por la DANA. Esta labor incluye múltiples entrevistas y espacios de trabajo con más de 80 personas del ámbito de la investigación, de la gestión, así como de organizaciones de la sociedad civil, con el fin de extraer aprendizajes sólidos sobre las causas, los impactos y los procesos de gestión de un fenómeno tan multidimensional como la DANA de 2024. Estas sesiones han permitido construir una lectura compleja y diversa de la DANA, combinando diferentes aproximaciones y marcos analíticos que enriquecen la comprensión profunda del fenómeno y sus efectos en el territorio. Más información: https://www.jardibotanic.org/?apid=cultura_i_comunicacio&id=721&idioma=_spa P. Cotarelo y O. Mayoral
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La necesidad de una Plataforma Nacional para la Reducción del Riesgo de Desastres

En un contexto marcado por el cambio climático y por una creciente exposición social, económica y ambiental al riesgo, la reducción del riesgo de desastres (RRD) se ha convertido en una prioridad estratégica. Ya no hablamos solo de emergencias puntuales, sino de un fenómeno estructural que condiciona la seguridad humana, la estabilidad económica y la sostenibilidad. Los desastres, cada vez más frecuentes y complejos, son el síntoma visible de un sistema que necesita anticipación, cooperación y conocimiento compartido. En este sentido, el Marco de Sendai para la Reducción del Riesgo de Desastres 2015-2030 fue adoptado por los Estados Miembros de la ONU el 18 de marzo de 2015 en la Tercera Conferencia Mundial de las Naciones Unidas sobre la Reducción del Riesgo de Desastres en la ciudad japonesa de Sendai, Prefectura de Miyagi. Este marco tiene como objetivo general lograr la reducción sustancial del riesgo y de las pérdidas por desastres en vidas, medios de vida y salud, así como en los activos económicos, físicos, sociales, culturales y ambientales de personas, empresas, comunidades y países durante los próximos años. Sus Metas específicas son las siguientes: Plataformas para la Reducción de Riesgos de Desastres La Plataforma Global es un foro para el intercambio de información, la realización de debates sobre los últimos acontecimientos, la socialización de conocimiento y el establecimiento de alianzas entre los distintos sectores, con el propósito de aumentar la implementación de la reducción del riesgo de desastres mediante una mejor comunicación y coordinación entre los distintos grupos interesados. Esta plataforma permite que los gobiernos, las ONG, los científicos, los profesionales en distintos campos y las organizaciones de las Naciones Unidas compartan experiencias y acuerden lineamientos estratégicos para la aplicación del Marco de Sendai. Las Plataformas Regionales son foros multisectoriales que reflejan el compromiso de los gobiernos para mejorar la coordinación y la realización de actividades para la reducción del riesgo de desastres, mientras establece nexos con iniciativas nacionales e internacionales. Asimismo, la Oficina de las Naciones Unidas para la Reducción del Riesgo de Desastres (UNDRR) fomenta el establecimiento de mecanismos de coordinación multisectorial para la RRD, tales como las Plataformas Nacionales para la Reducción del Riesgo de Desastres, a fin de destacar la relevancia, el valor agregado y la rentabilidad de un enfoque coherente y coordinado para la reducción del riesgo de desastres en el ámbito nacional. En España, la creación de esta Plataforma Nacional no partiría de cero ya que existe el Plan Nacional de Reducción de Riesgos de Desastres. Este plan, que forma parte del Sistema Nacional de Protección Civil, ya establece la arquitectura estratégica necesaria para, o bien utilizarla directamente como el espacio desde el que dirigir las investigaciones y acciones en materia de RRD, o bien como un modelo inspirador para crear un órgano ad hoc específicamente dedicado a esta misión. La urgencia de crear esta Plataforma Anticipar el riesgo es hoy una cuestión de responsabilidad pública y colectiva. La creciente frecuencia de fenómenos extremos, la exposición de infraestructuras críticas y la desigualdad en la capacidad de respuesta exigen una estructura estable de coordinación que funcione de manera permanente y transversal. Solo una visión integrada, que combine ciencia, planificación territorial y cooperación institucional, puede ofrecer una respuesta coherente a los desafíos de esta nueva realidad. La creación de esta Plataforma es una necesidad estratégica. La justificación se basa en dos pilares interconectados: 1.  La nueva realidad de los desastres: la complejidad, intensidad y frecuencia de algunos desastres están aumentando debido, con mucha frecuencia, al cambio climático. Los fenómenos meteorológicos extremos, cada vez más vinculados a este fenómeno, no entienden de fronteras administrativas ni de competencias sectoriales. Los desastres actuales no son eventos aislados, sino crisis encadenadas e interconectadas. Un incendio forestal no es solo un problema para los bomberos; afecta a la biodiversidad, a la calidad del aire, a la salud pública, a la economía local y a las infraestructuras. Entender esta red de interdependencias es la clave para anticipar y reducir los impactos antes de que se transformen en catástrofes. Gestionarlo de forma efectiva requiere de una visión integral que solo puede lograrse con una coordinación multisectorial permanente. 2.  La coherencia y la eficiencia: actuar de forma aislada y fragmentada es ineficiente y costoso. Una Plataforma Nacional permite un enfoque coherente y coordinado. Esto significa: – Evitar duplicidades entre diferentes administraciones. – Compartir información: crear un flujo de datos e inteligencia sobre riesgos que beneficie a todos los actores implicados. – Optimizar recursos: invertir de forma más inteligente en prevención, preparación y respuesta, obteniendo un mayor retorno en seguridad para la ciudadanía. – Dar relevancia: elevar la reducción del riesgo de desastres a la máxima prioridad política, reconociendo su valor crucial para el desarrollo sostenible del país. Hacia una Cultura de la Prevención El verdadero valor de una Plataforma Nacional para la RRD va más allá de la gestión de la emergencia cuando el desastre ya ha ocurrido. Su misión más importante es fomentar una cultura de la prevención. En lugar de limitarnos a ser reactivos —a esperar a que ocurra lo peor para actuar—, esta Plataforma permitiría un trabajo proactivo que permitiría identificar los riesgos antes de que se materialicen, de fortalecer las infraestructuras críticas, de educar a la población, de planificar el uso del territorio de forma más segura y de asegurar que nuestros sistemas de alerta temprana sean lo más robustos posibles. Fomentar la cultura de la prevención es también fomentar la equidad. Los desastres afectan con mayor dureza a las comunidades más vulnerables (quienes viven en viviendas precarias, en zonas de riesgo o con menos acceso a la información). Una Plataforma Nacional puede convertirse en un instrumento para fortalecer la justicia territorial y social, garantizando que nadie quede atrás ante los impactos climáticos y ambientales. Al estar anclada en estructuras ya existentes como las derivadas del Plan Nacional de Reducción de Riesgos de Desastres, y con el respaldo del Consejo Nacional de Protección Civil, la Plataforma tendría la autoridad y la capacidad para impulsar este cambio de mentalidad,
Opinión

Gobernar la ciudad más allá de la ciudad

Las grandes áreas urbanas del siglo XXI ya no caben dentro de los límites de sus municipios. La expansión de las ciudades, la movilidad diaria entre localidades y los retos compartidos —desde la vivienda hasta el cambio climático— exigen una gobernanza metropolitana, capaz de coordinar decisiones que afectan a millones de personas y a territorios interconectados. Pensar en una escala metropolitana Las ciudades actuales funcionan como redes vivas. Las personas residen en un municipio, trabajan en otro, consumen recursos que vienen de un tercero y generan impactos ambientales que se extienden mucho más allá de sus fronteras administrativas. En este contexto, los problemas urbanos —movilidad, contaminación, vivienda, gestión del agua o residuos— ya no pueden resolverse de forma aislada. Por otro lado, el cambio climático agrava esta situación. Las emergencias asociadas a fenómenos extremos, como las DANA (depresiones aisladas en niveles altos) que afectan recurrentemente al Mediterráneo, o los incendios, revelan las limitaciones de la gestión fragmentada. Cuando cada ayuntamiento actúa por su cuenta, se ralentiza la respuesta y se pierden recursos valiosos. La gestión de riesgos climáticos, como inundaciones, olas de calor o incendios forestales, exige una visión que trascienda los límites municipales y aborde los fenómenos a escala territorial. Las decisiones sobre urbanización, infraestructuras o usos del suelo en un municipio pueden tener efectos directos sobre los territorios vecinos. Una planificación metropolitana permite delimitar los usos del suelo con una visión amplia, garantizar una proporción adecuada de superficies permeables e infraestructuras capaces de absorber y retener el agua, asegurar espacios de laminación y drenaje, y revisar infraestructuras supramunicipales que pueden actuar como barreras o trampas de avenidas. Al mismo tiempo, esta escala de gestión facilita coordinar la disponibilidad de refugios climáticos de distinta tipología, organizar redes de centros sanitarios y logísticos para atender a población desplazada, y prever espacios de acopio y distribución de ayuda en emergencias de gran escala. Esta mirada integral amplía el foco de la gestión del territorio y permite responder con mayor eficacia y equidad ante la complejidad de los riesgos contemporáneos. Un órgano metropolitano ofrece un marco institucional común para coordinar políticas, compartir infraestructuras, optimizar servicios y anticipar riesgos climáticos, orientado a gobernar el territorio real, y no solo el nivel administrativo. Barcelona como referencia: una gestión integrada El Área Metropolitana de Barcelona (AMB) es el ejemplo más avanzado de este tipo de gobernanza en España. Agrupa a 36 municipios y gestiona competencias amplias que van desde el urbanismo hasta la movilidad, la vivienda, el medio ambiente o el desarrollo económico. Algunas de sus áreas clave son las siguientes: • Ordenación del territorio y urbanismo: planifica el crecimiento urbano con criterios de sostenibilidad, equilibrio social y eficiencia territorial. • Transporte y movilidad: coordina autobuses, metro y redes metropolitanas, fomentando la intermodalidad y la reducción de emisiones. • Medio ambiente y sostenibilidad: gestiona el ciclo del agua, los residuos y programas de protección ambiental y biodiversidad, incluyendo un plan metropolitano de lucha contra el cambio climático. • Energías renovables: impulsa instalaciones sostenibles y apoya la transición energética de los municipios. • Vivienda y cohesión social: actúa por delegación de los ayuntamientos para garantizar una política de suelo solidaria entre municipios. • Desarrollo económico y empleo: fomenta la innovación, la creación de empresas y la competitividad regional. Este modelo demuestra que la cooperación institucional amplía la capacidad de acción frente a desafíos que ningún municipio puede resolver por sí solo, aunque la capital sea tan importante como Barcelona. Una oportunidad por aprovechar frente a los desafíos actuales El contraste entre AMB y las mancomunidades de municipios que existen muestra cómo un órgano metropolitano integra la planificación estratégica y coordina los recursos, mientras que las mancomunidades actuales se limitan a la gestión de servicios puntuales, lo cual no alcanza la escala estratégica necesaria para abordar los grandes retos urbanos y ambientales de la región que abarcan. Ciudades como Valencia y su entorno forman una de las áreas metropolitanas más dinámicas del Mediterráneo, con un metabolismo social integrado: los flujos de personas, recursos, energía y residuos circulan diariamente entre municipios. Pero carece de un órgano político capaz de coordinar ese metabolismo y transformarlo hacia la sostenibilidad. Algo similar sucede en otras áreas metropolitanas, que existen en la realidad socioeconómica pero no en la administrativa. Crear un ente metropolitano de gestión —con competencias claras en movilidad, vivienda, planificación territorial y adaptación climática— permitiría mejorar la eficiencia institucional, reducir duplicidades y anticipar riesgos ambientales como los derivados del cambio climático. Adaptación al cambio climático: una visión integrada La creación de órganos metropolitanos no es solo una cuestión de gobernanza, sino una estrategia de adaptación climática. Las aglomeraciones urbanas concentran población, infraestructuras críticas y emisiones, pero también concentran capacidad de innovación y de acción colectiva. Un sistema metropolitano bien diseñado puede: • Coordinar planes de emergencia y protección civil ante fenómenos extremos, integrando la gestión de riesgos climáticos (inundaciones, olas de calor e incendios…) mediante infraestructuras de refugio, sistemas de alerta temprana y redes supramunicipales de asistencia y apoyo. • Gestionar el ciclo del agua y los residuos de forma integrada. • Reducir las emisiones mediante transporte público y energía limpia. • Planificar la expansión urbana evitando zonas de riesgo climático. • Impulsar la resiliencia económica y social, garantizando igualdad territorial. En definitiva, permite pasar de la reacción a la prevención estratégica, con decisiones basadas en datos y cooperación, y a la cultura de la resiliencia, con estructuras y mecanismos diseñados para garantizar la capacidad de resistir. P. Cotarelo y O. Mayoral