Henry Kissinger viajó a Riad (Arabia Saudí) en 1974 para presentar a la familia real saudí una propuesta que pudiera aliviar los problemas financieros derivados de la crisis del petróleo, la guerra de Vietnam y el abandono del patrón oro, con el fin de evitar una pérdida significativa de su poder económico e influencia a nivel mundial.
El acuerdo con la Casa de Saud fue el siguiente: a cambio de equipamiento militar avanzado y formación, junto con garantías de seguridad, Arabia Saudí utilizaría exclusivamente dólares estadounidenses para la fijación de precios y la venta de petróleo[1]. Otros países de la OPEP siguieron su ejemplo en 1975, aunque no obtuvieron el mismo acuerdo que Arabia Saudí.
Dado que prácticamente todo el mundo importaba petróleo de la OPEP, todo el mundo necesitaba ahora dólares. Esto restableció la demanda del dólar en los mercados de divisas.
Esto reforzó el dominio del dólar como moneda de reserva mundial. El dólar ya no estaba respaldado por el oro, sino por el «patrón oro negro».
A partir de ese momento, el mundo tuvo que hacerse con dólares para poder comprar petróleo. La forma más fácil de tener dólares era comprar deuda pública estadounidense. Esto posibilitó en las siguientes décadas la creación de un sistema financiero global dependiente de los intereses estadounidenses.
Un mundo en transformación
Gracias al petrodólar, Estados Unidos ha creado un sistema de control geopolítico sin precedentes en la historia.
Aunque actualmente los dólares se crean principalmente en el seno del sistema financiero privado y no a través de la Reserva Federal, el sistema que vincula el dólar al comercio del petróleo mantiene un marco de control geopolítico. El mundo ha demandado dólares durante décadas porque los necesita para comprar petróleo, lo que otorga al sistema financiero estadounidense una influencia muy importante, ya sea a través de sanciones cuando las transacciones pasen por bancos corresponsales de Nueva York (el sistema de compensación CHIPS) o mediante otros mecanismos del sector privado. Este ha sido el marco principal del sistema durante 50 años, pero recientemente algo ha cambiado.
El cambio comenzó con el auge del llamado Sur Global en la escena geopolítica, al mismo tiempo que los mecanismos de control vinculados al dólar se estaban convirtiendo en una camisa de fuerza excesivamente opresiva para sus soberanías nacionales. En este sentido, observamos dos tendencias clave hacia la liberación: el comercio de petróleo en monedas distintas del dólar y la retirada del sistema de pagos SWIFT.
No fue la primera medida, pero sin duda fue una de las más significativas: Arabia Saudí decidió no renovar este acuerdo del petrodólar cuando expirara el 9 de junio de 2024. Esto permitió a Arabia Saudí empezar a vender petróleo en monedas distintas del dólar estadounidense, lo que podría debilitar el dominio del dólar si esto supone el primer paso de la creación de un sistema que sustituya al mercado que ha estado sosteniendo el dólar.
La creación del BRICS como foro de colaboración entre los países del Sur Global representa un contrapeso simbólico y práctico al dominio estadounidense, tal y como demuestra su nuevo sistema de pagos. Al intentar eludir el sistema de pagos SWIFT, controlado por Estados Unidos, estos países también evitan las crecientes sanciones económicas impuestas a las naciones que no se alinean con los intereses estadounidenses.
Aunque BRICS Pay sigue en fase de desarrollo y aún no es plenamente operativo, forma parte de un esfuerzo estratégico más amplio para reducir la dependencia del dólar estadounidense, reforzar la soberanía financiera y crear una infraestructura de pagos global alternativa al margen de los sistemas controlados por Occidente[2].
La geopolítica a toda velocidad
En los últimos años, y especialmente en los últimos meses, EE. UU. ha llevado a cabo una serie de medidas que pueden interpretarse como un intento de mantener su dominio sobre el mercado energético, al tiempo que preserva el papel internacional del dólar y reduce los riesgos de su pérdida gradual del estatus de moneda de reserva. Esta estrategia se basa en una triple forma de control:
Control sobre los yacimientos petrolíferos.
Control sobre las rutas de los flujos físicos.
Control sobre los flujos financieros generados por la industria de los combustibles fósiles.
En realidad, el enfoque actual de EE. UU. no difiere mucho del histórico «sistema del petrodólar». Las dos primeras medidas de control se refieren al aspecto físico del «concepto del petrodólar», mientras que la tercera pertenece a su dimensión monetaria.
Sin embargo, quizá lo novedoso en este caso resida, por un lado, en el grado de agresividad mostrado —algo nuevo para nuestra generación— y, por otro, en algunas de las tácticas específicas empleadas, como las destinadas a controlar las rutas de tránsito.
En cuanto a esto último, cabe señalar que ello podría poner en peligro la libertad de navegación en los mares, un principio garantizado en gran medida por la Armada de los Estados Unidos y que se ha dado por sentado en el sistema económico mundial durante muchas décadas.
Control sobre los yacimientos petrolíferos
Los orígenes del petrodólar ayudaron a Estados Unidos a ejercer influencia sobre una gran parte de los yacimientos petrolíferos de Asia Occidental. La posterior creación en 1981 del Consejo de Cooperación del Golfo (CCG) entre los países del Golfo Pérsico —Arabia Saudí, Kuwait, Baréin, Emiratos Árabes Unidos, Catar y Omán— reforzó aún más la influencia estadounidense en la región, que cuenta con la mayor concentración de recursos de combustibles fósiles. Aquí, la administración estadounidense ha intervenido repetidamente: ha librado dos guerras en Irak en las últimas décadas; en Irán, instaló al Sha a mediados del siglo XX, instigó la guerra liderada por el Irak de Sadam Husein contra Irán en la década de 1980 tras la Revolución Islámica, ha impuesto sanciones económicas al país durante años y recientemente lo ha atacado junto con Israel con el permiso de la mayoría de los miembros del CCG.
El año pasado, Estados Unidos inició un bloqueo contra Venezuela, el país con las mayores reservas probadas de petróleo. A principios de 2026, llevó a cabo una invasión del país y secuestró a su presidente con la intención declarada de controlar la industria petrolera venezolana.
Control sobre las rutas de los flujos físicos
Las pruebas sugieren que la presión sobre los cuellos de botella estratégicos o los puntos críticos del comercio internacional también tiene como objetivo «contener» a China. En 2025, Estados Unidos apoyó la decisión de Panamá de rescindir el contrato con la empresa CK Hutchison Holdings, con sede en Hong Kong, para la gestión del Canal de Panamá. Entre marzo y mayo de 2025, EE. UU. también lanzó ataques en Yemen, con el nombre en clave de Operación Rough Rider, en el contexto de la crisis del Mar Rojo. Durante ese mismo año, la administración estadounidense amenazó repetidamente con tomar el control de Groenlandia (Dinamarca), muy probablemente con el objetivo de controlar la ruta del Ártico. El reciente ataque contra Irán en febrero de 2026 y el posterior intento de bloquear el estrecho de Ormuz apuntan en la misma dirección. En abril de 2026, el secretario de Defensa de EE. UU., Pete Hegseth, celebró el establecimiento de una «importante asociación de cooperación en materia de defensa» con Indonesia, con el posible objetivo de ganar influencia sobre el estrecho de Malaca, que EE. UU. ya había identificado en 2017 como un punto de estrangulamiento crítico para el comercio de combustibles fósiles[3].
Estos datos sobre el control de los flujos pueden complementarse con las declaraciones del senador Sullivan, de Alaska, quien se refiere a un importante proyecto de exportación de gas natural licuado (GNL) actualmente en construcción que, en realidad, no tiene ningún sentido desde el punto de vista económico, salvo que se interrumpiera el suministro de GNL a Asia Oriental procedente de Asia Occidental[4].
Por cierto, la mayoría de estos acontecimientos están teniendo un efecto gravemente perjudicial para Europa.
En última instancia, en lo que respecta a la dimensión física del concepto del petrodólar, estos acontecimientos parecen conducir a una fragmentación o regionalización del mercado, a una reducción de la influencia de la OPEP, a mayores dificultades para que China y su región productora accedan a energía barata, y a un aumento de los precios para que la industria estadounidense de combustibles fósiles sea viable y rentable.
Control sobre los flujos financieros generados por la industria de los combustibles fósiles
Esto nos lleva a la segunda parte del concepto de petrodólar: el dólar y la dimensión financiera del control dentro de la visión unipolar del mundo.
En primer lugar, es importante considerar el contexto más amplio. Por un lado, el dominio monetario es sorprendentemente resistente y, a menudo, es el último de los grandes privilegios de poder en caer. La libra esterlina, por ejemplo, seguía dominando el comercio y las finanzas mundiales a principios de la década de 1920, aunque el dominio militar y económico del Reino Unido llevaba mucho tiempo en declive[5].
Por otro lado, están empezando a hacerse visibles los primeros indicios de fragmentación geopolítica en las finanzas mundiales. Varios estudios basados en datos actuales[6] sugieren que la distancia ideológica entre países determina el volumen y la dirección de los flujos de capital, mientras que otros estudios[7] concluyen que, en los últimos años, los flujos de inversión extranjera directa se correlacionan cada vez más con las tensiones geopolíticas y los reajustes geopolíticos.
En este contexto, la deuda estadounidense —39 billones de dólares en abril de 2026 y con un aumento de 87 547,56 dólares por segundo en 2025[8]— se coloca en un lugar privilegiado del debate político, no carente de contradicciones. Las élites pretenden mantener un gasto en defensa cada vez mayor para imponer su visión del mundo al tiempo que reducen los impuestos. Esto crea un déficit crónico que genera más deuda, añadiendo presión a la sociedad estadounidense mediante consecuencias tales como el aumento de los tipos de interés.
Además de las consecuencias de la deuda y de la fallida política arancelaria, justificada con argumentos como la sobrevaloración del dólar[9], se ha producido recientemente una subida de los precios del combustible debido a la escalada del conflicto con Irán. En conjunto, estos factores han reducido significativamente el poder adquisitivo de la clase trabajadora estadounidense.
En la arena internacional, el aumento de los precios de los combustibles fósiles para el resto del mundo también tiene un efecto que va más allá del gasto de unos dólares más de la cuenta, ya que empuja a los gobiernos a recurrir a la lógica de «seguir como siempre» de la austeridad.
Cuestiones controvertidas
Sin embargo, estos supuestos planes se enfrentan a varios problemas y obstáculos más allá de los ya mencionados. Algunos de ellos podrían enumerarse con bastante sencillez, aunque su explicación y sus consecuencias podrían tener un peso mucho mayor y podrían hacer fracasar esta visión unipolar destinada a mantener viva y fuerte a la potencia hegemónica. En primer lugar, China (y Japón) poseen grandes cantidades de deuda estadounidense y, aunque no les conviene deshacerse de ella de forma demasiado rápida y abrupta, esto representa un incentivo negativo que no puede ignorarse. En segundo lugar, es posible que el sector productivo estadounidense no pueda mantener el ritmo de aumento de la extracción de combustibles fósiles necesario para respaldar los planes de dominio energético. A este problema de capacidad se suma el hecho de que el crudo estadounidense no es el más adecuado —es demasiado ligero— para las refinerías de los mercados compradores. Además, las probables consecuencias inflacionistas de estos planes podrían desencadenar un malestar sociopolítico incontrolable, especialmente dada la creciente presencia de Palantir en el ecosistema de control social asociado a una posible represión.
Petrodólar 2.0
En resumen, estamos asistiendo a un intento de Estados Unidos de crear un sistema «Petrodólar 2.0» mediante el mantenimiento del control físico y financiero sobre el mercado de los combustibles fósiles, al tiempo que saca partido de su posición hegemónica en un mundo que evoluciona rápidamente hacia un sistema multipolar.
Durante décadas, los planes de EE. UU. —y sus primeras medidas— bastaban para indicar cómo acabarían las cosas. Pero en las primeras etapas de la multipolaridad, solo el tiempo dirá cómo terminará esta lucha entre la potencia hegemónica y el Sur Global. Estos actores en el tablero tienen suficiente influencia —tanto física como financiera— para cambiar el rumbo de los acontecimientos de manera significativa.
La incertidumbre es el principal motor en el ámbito del petrodólar. De repente, surgen nuevos factores que podrían alterar el curso de los acontecimientos, como un bloqueo del control iraní del estrecho de Ormuz, o la posible paralización de la producción petrolera iraní debido a la saturación de sus instalaciones de almacenamiento de petróleo, que no pueden exportar ni utilizar. Cada semana se producen nuevos acontecimientos, y debemos seguir de cerca cómo se desarrollan las cuestiones clave este año, ya que podrían marcar el futuro.
Artículo publicado originalmente en Makroskop das magazin (en alemán): https://makroskop.eu/242026/petrodollar-20/
[1] Acuerdo de cooperación entre EE. UU. y Arabia Saudí para respaldar la fijación de precios en petrodólares y la reinversión. “The Deal That Keeps the Oil Flowing.” Harvard University‑WCFIA
[2] https://infobrics.org/en/post/77791 https://infobrics.org/en/post/86821
[3] https://www-eia-gov.translate.goog/todayinenergy/detail.php?id=32452&_x_tr_sl=en&_x_tr_tl=es&_x_tr_hl=es&_x_tr_pto=tc
[4] https://youtu.be/iPN0McM5BAE?si=fM7He0rHV7-CTrK7
[5] Kennedy P. 1987. The Rise and Fall of the Great Powers. New York: Random House
[6] Kempf E, Luo M, Schäfer L, Tsoutsoura M. 2023. Political ideology and international capital allocation. J. Financ. Econ. 148(2):150–73
[7] Aiyar S, Ohnsorge F. 2024. Geoeconomic fragmentation and “connector” countries. MPRA Work. Pap. 121726, Munich Pers. RePEc Arch., Munich and Gopinath G, Gourinchas PO, Presbitero AF, Topalova P. 2024. Changing global linkages: a new cold war? IMF Work. Pap. 2024/076, Int. Monet. Fund, Washington, DC
[8] https://www.jec.senate.gov/public/index.cfm/republicans/debt-dashboard
[9] Stephen Miran es miembro de la Federal Reserve Board of Governors, y escribió el siguiente paper en 2024: