Ekona

Criterios ESG para condicionar la recuperación de la UE

18 Jun 2020

En el contexto de la crisis de Covid-19, es muy previsible que los estados miembros europeos gasten e inviertan grandes sumas de dinero público. Parte de ese dinero se destinará a fortalecer los sistemas de salud y protección social, y la otra parte se empleará para apoyar la recuperación social y económica. De hecho, tanto la UE como sus países miembros han comenzado a elaborar sus planes de recuperación, que se aplicarán por fases a medida que se relaje el bloqueo.

El uso de la condicionalidad en la crisis de Covid-19

En relación con la protección social de los grupos más vulnerables afectados por el confinamiento y que podrían verse afectados por la reducción previsible de la actividad en etapas posteriores, en algunos países (por ejemplo, España) se están considerando ingresos básicos temporales. Dicha provisión de ingresos tendrá un triple objetivo: primero, garantizar condiciones materiales de vida; segundo, evitar la propagación de la pandemia al reducir la presión para salir de casa buscando medios de subsistencia; y tercero, sostener el consumo interno. El acceso a este ingreso básico está sujeto a una serie de condiciones como: ser parte de la población activa, el nivel y el período de pérdida de ingresos, la riqueza personal, la estructura familiar y otras variables sociales.
La condicionalidad también se vincula a la ayuda a las empresas que se enfrentan a una reducción de su actividad. En Canadá[1], Dinamarca, Francia y Polonia[2], por ejemplo, a las empresas registradas en paraísos fiscales no se les permitirá acceder a la ayuda pública que se otorga para proteger el suministro de bienes y servicios a nivel nacional, proteger empleos y mantener ingresos fiscales.

En Portugal, aunque hasta ahora no se ha presentado ninguna medida concreta, tanto el gobierno como la oposición han argumentado públicamente que los bancos no deberían obtener ganancias durante los años 2020 y 2021, y que deberían aumentar la provisión de crédito para apoyar a la economía a cambio de los rescates que recibieron después de 2008.
Este último caso apunta al sesgo principal de las políticas de recuperación después de 2008, que fue el de omitir la condicionalidad en la transferencia de dinero público a agentes «demasiado grandes para quebrar» (corporaciones financieras, de seguros e inmobiliarias, FIRE en sus siglas en inglés). Los precios de los activos del sector FIRE se tranquilizaron a través del nuevo endeudamiento asumido por los estados y los hogares, que impuso pocas o ninguna restricción relacionada con la responsabilidad social, ambiental o de gobierno. Esto ha tenido un gran impacto negativo en forma de desigualdad, crisis ambientales, corrupción, falta de transparencia y control público, y a su vez, un gran daño a la legitimidad democrática.

Condicionalidad basada en criterios ESG

En un escenario de -3.8% del PIB en la UE en el primer trimestre de 2020, los gobiernos deberían intentar reactivar el suministro de bienes y servicios, evitar la destrucción del tejido productivo y sentar las bases para un nuevo modelo de producción más resistente. Las consecuencias de esta crisis favorecerán una relocalización y reindustrialización de las economías europeas para reducir la dependencia de las cadenas de suministro mundiales, especialmente en los sectores más sensibles para la seguridad interna (salud, alimentos, energía, etc.).
Como se mencionó anteriormente, en general, los estados-nación comenzarán a aplicar la condicionalidad a la concesión o el uso de dinero público de manera generalizada dentro de sus fronteras, ya sea en la provisión de ingresos directos a la población u otros tipos diferentes de ayuda a empresas y bancos. Las sumas de este gasto serán muy altas, por lo que debe ser alto el grado de responsabilidad exigido a los agentes que reciben este dinero, especialmente los más poderosos. La responsabilidad no solo debe exigirse como una condición a corto plazo hasta que se haya superado la crisis, sino como un conjunto permanente de condiciones que permitan la generación de modelos de producción-consumo más resilientes y sostenibles.

En los últimos años, los criterios de responsabilidad ambiental, social y de gobernanza (ESG) se han convertido en parte del vocabulario habitual de los inversores institucionales, tanto públicos como privados. El enfoque ESG es un sistema de evaluación del impacto de las prácticas empresariales desde una perspectiva ambiental, social y de gobernanza (ESG).
Ekona, en base a estas premisas generales, ha desarrollado un sistema de Certificación ESG que apunta a la economía real, incluido el sistema de las PYMEs. Su objetivo es evaluar el compromiso con la responsabilidad de las empresas. La certificación proporciona una medición objetiva de un conjunto representativo de variables asociadas a las áreas ambiental, social y de gobierno de las empresas, que produce un indicador compuesto. Este modelo permite, por un lado, medir el desempeño actual en responsabilidad ESG, y por otro lado, la detección de posibilidades de desarrollo estratégico con respecto a la responsabilidad ESG. La ventaja de este modelo en comparación con los informes autodeclarativos de responsabilidad social corporativa (RSC) radica en su medición objetiva y la ausencia de conflictos de intereses. 

Como se muestra en la Figura, este modelo permite a los proveedores de fondos públicos y privados identificar empresas responsables a través de la calificación obtenida en el proceso de certificación. Con esta información, las administraciones públicas pueden dirigir su esfuerzo a través de la contratación pública u otra ayuda, lo que los coloca en una posición de influencia muy ventajosa para mejorar la responsabilidad de la economía[3].

Figura. Modelo de Certificación ESG

La imagen tiene un atributo ALT vacío; su nombre de archivo es animacio-certificacio-esp-2-1-1024x766.jpg

Fuente: elaboración propia

Precisamente en el período anterior a la crisis de Covid-19, el uso de los criterios ESG estaba creciendo rápidamente, ya que el cambio climático estaba generando presión pública para que las administraciones públicas y el sector privado actuaran en consecuencia. De hecho, las cuestiones ESG están pasando rápidamente del campo de la inversión de impacto a la práctica convencional de inversión, a medida que los riesgos climáticos se vuelven cada vez más evidentes. Actualmente, el mercado de inversión responsable global tiene un tamaño de varios miles de millones de euros, y está creciendo a una tasa anual de dos dígitos, a pesar de que hasta ahora se ha centrado en las grandes empresas en lugar de las pequeñas y medianas empresas, que todavía no han encontrado un método para ser incluido en la categoría de inversión ESG. La creciente importancia de estos nuevos criterios es evidente a niveles institucionales como el de la Unión Europea, que ha desarrollado un Plan de Acción para Finanzas Sostenibles[4], que servirá como base para integrar los criterios ESG en la evaluación de riesgos financieros, así como Grupo de Trabajo de las Naciones Unidas sobre Empresas Transnacionales y Derechos Humanos[5].

Este planteamiento de los criterios ESG responde a las preocupaciones sociales, ambientales y de gobernanza, pero también a las preocupaciones relacionadas con una distribución eficiente de los recursos disponibles, un retorno razonable de la inversión y una relocalización estructurada y sostenible de la economía. Estos principios serán especialmente valorados en un escenario en el que existe la necesidad de orientación para grandes iniciativas de inversión pública que sean responsables, eficientes, generalizadas, sostenibles en el tiempo y que generen procesos virtuosos. Como tal, es necesario aplicar este tipo de herramientas a la economía productiva de tamaño pequeño y mediano, mayoritaria en el territorio europeo, fundamental para mantener el empleo y una de las columnas sociales más importantes.

Recuperación basada en criterios ESG

Cuando lleguemos a la fase en que el dinero público comience a fluir según lo establecido por los planes de recuperación, se definirán las condiciones para el uso de ese dinero. El éxito de los planes de recuperación dependerá de la naturaleza de esas condiciones. El uso de este modelo de certificación ESG permite el diseño de un sistema de incentivos necesario para asignar recursos de manera eficiente, y también para evaluar correctamente los rendimientos sociales, ambientales y de gobernanza de las inversiones públicas. La efectividad de los criterios ESG se basa en los siguientes pilares principales:

Contratación pública: los planes de recuperación tendrán en cuenta el potencial que la política de contratación pública tiene para todas las administraciones como motor para dirigir la inversión y el gasto público. El volumen económico de la contratación pública asciende a 2 billones de euros en la UE, un 14% del PIB de la UE. Tal cantidad relevante desempeñará un papel clave en el proceso de mejorar el tejido empresarial asociado con la recuperación. En este sentido, la inclusión de requisitos previos relacionados con los criterios ESG constituye una herramienta eficiente para lograr la mayor armonía posible entre los diferentes programas incluidos en los planes de recuperación.

Precondicionalidad: las empresas pueden considerarse elegibles para recibir financiación pública en relación con su grado relativo de responsabilidad en sus sectores económicos, medido utilizando los criterios ESG. Dicha evaluación de elegibilidad para financiación pública debe ocurrir antes del lanzamiento de los planes de recuperación e independientemente de ello. Proporcionará orientación para procesos eficientes de asignación de recursos e incentivos para que los empresarios mejoren la calidad y la responsabilidad de sus empresas bajo los criterios ESG, lo que a su vez ayudará a relocalizar las cadenas de suministro. Por lo tanto, la introducción de esta nueva herramienta en el marco de los planes de recuperación facilitará su gestión.

Certificación continua: es necesario establecer sistemas de evaluación de responsabilidad armonizados que puedan interactuar o incluso integrarse dentro de las metodologías contables actuales. El sistema que se propone, basado en los criterios ESG, implica una certificación periódica de las empresas. La introducción de esta certificación ESG como método oficial para evaluar la elegibilidad en todo el plan de recuperación ampliará el número de empresas que utilizan el sistema de contabilidad ESG, y en consecuencia, se mejorará la responsabilidad y la resiliencia de las inversiones públicas para la recuperación.

Granularidad institucional: el plan de recuperación necesita profundidad y amplitud, lo que significa que necesita una amplia extensión con un alto grado de granularidad institucional. Para tener éxito en este sentido, el esfuerzo del plan de recuperación debe distribuirse entre los diferentes niveles de las administraciones públicas, con un énfasis especial en las administraciones locales, que deberían ver incrementada su financiación y capacidad institucional. Para ello, la aplicación de este modelo ESG mejoraría sustancialmente la probabilidad de éxito. Daría incentivos a las empresas para que hagan apuestas estratégicas para el cumplimiento de los objetivos de desarrollo sostenible coherentes con el modelo ESG. En el corto plazo, veríamos que las empresas locales responsables se benefician de este nuevo enfoque de contratación pública. A medio plazo, veríamos que se han creado nuevas empresas desde su origen en coherencia con los principios de ESG. Las empresas establecidas desde hace mucho tiempo tendrán que adaptarse a las nuevas condiciones o dejar de prestar servicios a las administraciones públicas.

Este modelo podría ajustarse y reforzarse mediante políticas complementarias coherentes con las necesidades y recursos locales. En este sentido, la política local podría ser aún más exitosa en la medida en que las instituciones públicas proporcionaran servicios de apoyo a las empresas que quisieran utilizar este modelo ESG, como los relacionados con el acompañamiento empresarial, la provisión de crédito y la concertación/creación de consorcios entre actores locales. De esta manera, los posibles obstáculos o desviaciones podrían corregirse durante la introducción de este modelo ESG a lo largo de la ejecución del plan de recuperación.

P. Cotarelo y S. Cutillas

Artículo originalmente publicado en Makroskop:  https://makroskop.eu/2020/05/hilfe-fuer-unternehmen-muss-an-bedingungen-geknuepft-sein/


[1] https://www.thespec.com/ts/politics/2020/04/28/no-covid-19-bailouts-for-firms-that-use-tax-havens-prime-minister-justin-trudeau-says.html

[2] https://www.businessinsider.com/france-coronavirus-bailout-tax-haven-registered-subsidies-ineligible-020-4?IR=T

[3] Una explicación más amplia en: http://www.esgaequum.com/certification/?lang=en

[4] https://eur-lex.europa.eu/legal-content/ENG/TXT/PDF/?uri=CELEX:52018DC0097&from=EN

[5] https://www.ohchr.org/en/hrbodies/hrc/wgtranscorp/pages/igwgontnc.aspx

También te puede interesar

Opinión

Petrodólar 2.0

Henry Kissinger viajó a Riad (Arabia Saudí) en 1974 para presentar a la familia real saudí una propuesta que pudiera aliviar los problemas financieros derivados de la crisis del petróleo, la guerra de Vietnam y el abandono del patrón oro, con el fin de evitar una pérdida significativa de su poder económico e influencia a nivel mundial. El acuerdo con la Casa de Saud fue el siguiente: a cambio de equipamiento militar avanzado y formación, junto con garantías de seguridad, Arabia Saudí utilizaría exclusivamente dólares estadounidenses para la fijación de precios y la venta de petróleo[1]. Otros países de la OPEP siguieron su ejemplo en 1975, aunque no obtuvieron el mismo acuerdo que Arabia Saudí. Dado que prácticamente todo el mundo importaba petróleo de la OPEP, todo el mundo necesitaba ahora dólares. Esto restableció la demanda del dólar en los mercados de divisas. Esto reforzó el dominio del dólar como moneda de reserva mundial. El dólar ya no estaba respaldado por el oro, sino por el «patrón oro negro». A partir de ese momento, el mundo tuvo que hacerse con dólares para poder comprar petróleo. La forma más fácil de tener dólares era comprar deuda pública estadounidense. Esto posibilitó en las siguientes décadas la creación de un sistema financiero global dependiente de los intereses estadounidenses. Un mundo en transformación Gracias al petrodólar, Estados Unidos ha creado un sistema de control geopolítico sin precedentes en la historia. Aunque actualmente los dólares se crean principalmente en el seno del sistema financiero privado y no a través de la Reserva Federal, el sistema que vincula el dólar al comercio del petróleo mantiene un marco de control geopolítico. El mundo ha demandado dólares durante décadas porque los necesita para comprar petróleo, lo que otorga al sistema financiero estadounidense una influencia muy importante, ya sea a través de sanciones cuando las transacciones pasen por bancos corresponsales de Nueva York (el sistema de compensación CHIPS) o mediante otros mecanismos del sector privado. Este ha sido el marco principal del sistema durante 50 años, pero recientemente algo ha cambiado. El cambio comenzó con el auge del llamado Sur Global en la escena geopolítica, al mismo tiempo que los mecanismos de control vinculados al dólar se estaban convirtiendo en una camisa de fuerza excesivamente opresiva para sus soberanías nacionales. En este sentido, observamos dos tendencias clave hacia la liberación: el comercio de petróleo en monedas distintas del dólar y la retirada del sistema de pagos SWIFT. No fue la primera medida, pero sin duda fue una de las más significativas: Arabia Saudí decidió no renovar este acuerdo del petrodólar cuando expirara el 9 de junio de 2024. Esto permitió a Arabia Saudí empezar a vender petróleo en monedas distintas del dólar estadounidense, lo que podría debilitar el dominio del dólar si esto supone el primer paso de la creación de un sistema que sustituya al mercado que ha estado sosteniendo el dólar. La creación del BRICS como foro de colaboración entre los países del Sur Global representa un contrapeso simbólico y práctico al dominio estadounidense, tal y como demuestra su nuevo sistema de pagos. Al intentar eludir el sistema de pagos SWIFT, controlado por Estados Unidos, estos países también evitan las crecientes sanciones económicas impuestas a las naciones que no se alinean con los intereses estadounidenses. Aunque BRICS Pay sigue en fase de desarrollo y aún no es plenamente operativo, forma parte de un esfuerzo estratégico más amplio para reducir la dependencia del dólar estadounidense, reforzar la soberanía financiera y crear una infraestructura de pagos global alternativa al margen de los sistemas controlados por Occidente[2]. La geopolítica a toda velocidad En los últimos años, y especialmente en los últimos meses, EE. UU. ha llevado a cabo una serie de medidas que pueden interpretarse como un intento de mantener su dominio sobre el mercado energético, al tiempo que preserva el papel internacional del dólar y reduce los riesgos de su pérdida gradual del estatus de moneda de reserva. Esta estrategia se basa en una triple forma de control:     Control sobre los yacimientos petrolíferos.     Control sobre las rutas de los flujos físicos.     Control sobre los flujos financieros generados por la industria de los combustibles fósiles. En realidad, el enfoque actual de EE. UU. no difiere mucho del histórico «sistema del petrodólar». Las dos primeras medidas de control se refieren al aspecto físico del «concepto del petrodólar», mientras que la tercera pertenece a su dimensión monetaria. Sin embargo, quizá lo novedoso en este caso resida, por un lado, en el grado de agresividad mostrado —algo nuevo para nuestra generación— y, por otro, en algunas de las tácticas específicas empleadas, como las destinadas a controlar las rutas de tránsito. En cuanto a esto último, cabe señalar que ello podría poner en peligro la libertad de navegación en los mares, un principio garantizado en gran medida por la Armada de los Estados Unidos y que se ha dado por sentado en el sistema económico mundial durante muchas décadas. Control sobre los yacimientos petrolíferos Los orígenes del petrodólar ayudaron a Estados Unidos a ejercer influencia sobre una gran parte de los yacimientos petrolíferos de Asia Occidental. La posterior creación en 1981 del Consejo de Cooperación del Golfo (CCG) entre los países del Golfo Pérsico —Arabia Saudí, Kuwait, Baréin, Emiratos Árabes Unidos, Catar y Omán— reforzó aún más la influencia estadounidense en la región, que cuenta con la mayor concentración de recursos de combustibles fósiles. Aquí, la administración estadounidense ha intervenido repetidamente: ha librado dos guerras en Irak en las últimas décadas; en Irán, instaló al Sha a mediados del siglo XX, instigó la guerra liderada por el Irak de Sadam Husein contra Irán en la década de 1980 tras la Revolución Islámica, ha impuesto sanciones económicas al país durante años y recientemente lo ha atacado junto con Israel con el permiso de la mayoría de los miembros del CCG. El año pasado, Estados Unidos inició un bloqueo contra Venezuela, el país con las mayores reservas probadas de petróleo. A principios
Opinión

¿Se puede realizar una investigación integral en España? El caso de la DANA de Valencia de 2024

La dana ha puesto de relieve la necesidad y la conveniencia de disponer de una estructura muy organizada de investigación integral e interdisciplinaria que permita extraer aprendizajes de fenómenos complejos para adaptarnos como sociedad,reduciendo riesgos y daños potenciales asociados, de forma que también se puedan aplicar a situaciones parecidas en otros territorios.Un estudio de estas características, además de su indudable utilidad científica, tendría una relevancia sociopolítica sin precedentes, puesto que permitiría crear las estructuras y establecer mecanismos y procesos que posibilitaran emprender investigaciones integrales en relación con otros fenómenos y en otros lugares.En consecuencia, proponemos impulsar un estudio integral, sostenido y coordinado entre los tres niveles de gobierno del Estado, con datos abiertos, métricas comunes y un bucle de evaluación-aprendizaje; articular el conocimiento en red para su traslado a políticas públicas; construir una red coordinada de conocimiento alrededor de la dana, y vincular de manera sistemática investigación y políticas públicas para avanzar en resiliencia. Este enfoque permitiría capitalizar los aprendizajes de la dana de 2024 en la Comunidad Valenciana y fortalecer la preparación ante acontecimientos futuros en todo el territorio. Este extracto forma parte del capítulo elaborado por Ekona y la profesora Olga Mayoral para el informe Aquello que tenemos que aprender de la dana de València, que se presentó el 9 de junio de 2026 en octubre Centro de Cultura Contemporánea (OCCC), corresponde al Informe Transversal del Instituto de Estudios Catalanes (IEC) de 2025, coeditado con Publicaciones de la Universitat de València (PUV). Recoge las voces y reflexiones de Ekona y de 21 expertos y expertas más sobre la catástrofe de la dana que afectó el País Valenciano en octubre de 2024. El informe Aquello que tenemos que aprender de la dana de València se puede encontrar en el siguiente enlace (en catalán): https://puv.uv.es/documents/get/document/id/7857/allo_que_hem_aprendre_dana_valencia_mostra.pdf
Opinión

La DANA como factor integrador de la investigación en el Parc Natural de l´Albufera

La DANA del 29 de octubre de 2024 no solo alteró el territorio del Parc Natural de l’Albufera (PNA), sino que transformó su ecosistema investigador. El aumento de estudios, la ampliación de enfoques y la aparición de nuevas colaboraciones revelan un impulso hacia formas de investigación más integradas. En un contexto donde la Comisión Científica ya articula el conocimiento del PNA, se evidencia el valor de avanzar hacia una visión multidimensional para mejorar la comprensión y la gestión del territorio. La DANA ha actuado como factor integrador del ecosistema investigador vinculado al PNA. Ha impulsado una evolución en la comunidad científica, motivando que grupos tradicionalmente centrados en áreas específicas amplíen o redefinan sus objetos de estudio para incorporar dimensiones que previamente quedaban fuera de su foco. Paralelamente, ha incrementado la visibilidad social e institucional de la actividad investigadora, reforzando el reconocimiento de su valor público. Este proceso se ha concretado en nuevas contrataciones, colaboraciones interdisciplinares y espacios de encuentro entre equipos y actores que anteriormente operaban de manera fragmentada. Esta dinámica emergente sugiere la posibilidad de un cambio de paradigma: pasar de una producción de conocimiento fragmentada a una investigación más integral, coordinada y orientada a la gestión del territorio. Sin embargo, persiste la duda de si esta tendencia responde únicamente a una reacción temporal ante la gravedad del evento o si constituye el inicio de una transformación más estructural en la organización de la investigación en el PNA. En un escenario donde la evolución fuera pasajera, los efectos se limitarían a resolver problemas concretos derivados del episodio, sin implicaciones duraderas. En cambio, si se trata del inicio de una fase de cambio profundo, los beneficios de avanzar hacia una mayor integración serían más amplios y sostenidos. Estos beneficios, coherentes con los marcos conceptuales sobre investigación integral e interdisciplinaria revisados, destacando las ventajas de un enfoque coordinado frente a los estudios parciales realizados hasta la fecha. A partir de la nueva tendencia emergente descrita se abren dos retos: 1.Continuar recopilando información que permita determinar si se trata de un cambio estructural y duradero o de una reacción temporal ante la gravedad del evento. 2.Promover que tanto las instituciones de gestión como las de investigación consoliden este enfoque, incorporando los estudios integrales de manera estable en sus agendas científicas y de planificación territorial. Avanzar en esta dirección permitiría construir una infraestructura robusta de conocimiento aplicado, reforzar la resiliencia del Parque Natural y aportar un modelo replicable en otros territorios expuestos a riesgos climáticos complejos. Para consolidar esta transición hacia una investigación más integrada, resultaría clave el papel coordinador de estructuras ya existentes, como la Comisión Científica del Parc Natural de l’Albufera y la Estación Biológica de l’Albufera (EBA), que actúen como plataformas estables para articular, dar continuidad y facilitar la transferencia del conocimiento científico hacia la gestión del territorio. O. Mayoral y P. Cotarelo Resumen de un póster presentado en las II Jornadas de la Comisión Científica de la Junta Rectora del Parc Natural de l’Albufera “L’Albufera. I ara què?” celebradas en el Jardí Botànic de la Universitat de València los días 26 y 27 de noviembre de 2025.
Opinión

El cambio climático como indicador de calidad de la formación del profesorado

La crisis climática representa uno de los desafíos más urgentes y complejos denuestro tiempo, con implicaciones ambientales, sociales, políticas y éticas. Estecapítulo plantea que el cambio climático no debe abordarse únicamente comoun contenido curricular, sino que, debido a sus particularidades, se puedeutilizar como un indicador multidimensional y transversal para evaluar lacalidad de la formación docente. Para ello, se centra la atención en el propósito que persigue el procesoformativo, cómo se construye y de qué maneras se persigue en el contexto dela realidad del mundo actual. En particular, se analiza la noción de agenciapolítica como propósito de la competencia climática, todavía poco presenteen la formación inicial del profesorado. Se propone que dicha competenciano se limite a transmitir información científica o fomentar conductasindividuales, sino que incluya el desarrollo de capacidades para intervenir enlos procesos de toma de decisiones y en el diseño de respuestas públicasfrente a la crisis climática. El texto se estructura en torno a tres objetivos principales: examinar lascarencias actuales de los programas formativos en relación con laalfabetización climática; argumentar por qué la agencia política debefundamentar el propósito y formar parte del núcleo de competenciasdocentes; y proponer herramientas conceptuales y metodológicas parasu integración curricular. A lo largo del capítulo, se presentan marcosanalíticos, mapas de necesidades formativas y metodologías activas quepermiten avanzar hacia una alfabetización crítica y situada. Finalmente, sedelinean posibles líneas de investigación orientadas a diagnosticar y mejorarla incorporación de esta competencia en los distintos niveles y ámbitos delsistema educativo. El texto anterior forma parte del resumen de un artículo publicado en el siguiente enlace: https://www.miteco.gob.es/content/dam/miteco/es/ceneam/grupos-de-trabajo-y-seminarios/investigacion/XVIII%20Seminario%20Investigaci%C3%B3n%20Educacion%20Ambiental%20y%20Educaci%C3%B3n%20para%20el%20Desarrollo%20Sostenible.pdf.pdf P. Cotarelo y O. Mayoral
Opinión

Creación de un indicador compuesto para medir el desempeño universitario en la aplicación de la Agenda 2030

Naciones Unidas ha destacado el papel de la Universidad en la promoción e implementación de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) definidos en la Agenda 2030. La educación e investigación universitarias, su capacidad de innovar, liderazgo social y posición privilegiada para trenzar alianzas intersectoriales, la sitúan como un actor esencial de la transición ecosocial. En el contexto de un proyecto de creación y desarrollo de un Observatorio universitario de seguimiento de la aplicación de los ODS de la Agenda 2030 en la UCM, se realiza la creación de un sistema de medición del desempeño de la universidad en dicha aplicación de la Agenda 2030, en coherencia con las inquietudes sociales, las preocupaciones de la comunidad universitaria y las declaraciones institucionales de las personas representantes de la propia entidad. La metodología empleada se basó en el “Handbook on Constructing Composite Indicators” de la OECD y el JRC para crear un indicador compuesto que permitiera resumir fenómenos complejos de manera simple, comparar entre actores similares con facilidad, y ofrecer información representativa. Las fuentes de los datos empleadas fueron diversas: fuentes online; consultas directas mediante los canales ofrecidos por la Universidad; entrevistas a actores relevantes de la Universidad con diferentes perfiles, experiencias y aproximaciones a la temática; obtención directa de datos mediante la observación in situ; y una encuesta dirigida mediante el Observatorio del Estudiante de la Universidad. Para la definición de los indicadores, un grupo de 30 investigadores e investigadoras de diferentes facultades utilizaron tres niveles de análisis de la actividad universitaria: campus, docencia e investigación, discursos y prácticas institucionales. Como resultado de ello se establecieron indicadores para cada uno de estos tres niveles de análisis referidos a todos los ODS. Tras el proceso de normalización, ponderación y agregación se consolidó un indicador compuesto de más de 400 indicadores, divididos equitativamente en los tres niveles de análisis. Únicamente para una tercera parte de estos indicadores se obtuvieron datos fiables en el primer año de aplicación (2024). El resultado del indicador compuesto en estas condiciones concedió a la Universidad un grado de desempeño medio-bajo. Si bien el número de indicadores utilizados para la construcción del indicador compuesto es suficiente para dar valor a la calificación media-baja de la universidad, estos resultados deben ser corroborados en años sucesivos con el trabajo de recopilación de datos para alcanzar grados de representatividad más cercanos al 100%. Por otra parte, es necesario señalar que, tanto el número de indicadores que conforman el indicador compuesto como sus estándares, también forman parte de un proceso vivo que se alimentará cada año a partir de los resultados iniciales. La revisión de los estándares de los indicadores del sistema establecerá objetivos progresivamente más ambiciosos hasta alcanzar el óptimo para cada uno de ellos y en conjunto en 2030. P. Cotarelo El texto anterior forma parte del resumen de un artículo publicado en el siguiente enlace (págs. 349-358): https://www.miteco.gob.es/content/dam/miteco/es/ceneam/grupos-de-trabajo-y-seminarios/investigacion/XVIII%20Seminario%20Investigaci%C3%B3n%20Educacion%20Ambiental%20y%2
Opinión

Reconocimiento por la labor sobre la DANA

El Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades ha reconocido el papel que ha jugado Ekona en colaboración con Olga Mayoral, subdirectora del Jardín Botánico y profesora de la Universidad de Valencia, al organizar espacios de diálogo y encuentro entre investigadoras e investigadores de disciplinas muy diversas que trabajan en territorios afectados por la DANA. Esta labor incluye múltiples entrevistas y espacios de trabajo con más de 80 personas del ámbito de la investigación, de la gestión, así como de organizaciones de la sociedad civil, con el fin de extraer aprendizajes sólidos sobre las causas, los impactos y los procesos de gestión de un fenómeno tan multidimensional como la DANA de 2024. Estas sesiones han permitido construir una lectura compleja y diversa de la DANA, combinando diferentes aproximaciones y marcos analíticos que enriquecen la comprensión profunda del fenómeno y sus efectos en el territorio. Más información: https://www.jardibotanic.org/?apid=cultura_i_comunicacio&id=721&idioma=_spa P. Cotarelo y O. Mayoral
Opinión

La necesidad de una Plataforma Nacional para la Reducción del Riesgo de Desastres

En un contexto marcado por el cambio climático y por una creciente exposición social, económica y ambiental al riesgo, la reducción del riesgo de desastres (RRD) se ha convertido en una prioridad estratégica. Ya no hablamos solo de emergencias puntuales, sino de un fenómeno estructural que condiciona la seguridad humana, la estabilidad económica y la sostenibilidad. Los desastres, cada vez más frecuentes y complejos, son el síntoma visible de un sistema que necesita anticipación, cooperación y conocimiento compartido. En este sentido, el Marco de Sendai para la Reducción del Riesgo de Desastres 2015-2030 fue adoptado por los Estados Miembros de la ONU el 18 de marzo de 2015 en la Tercera Conferencia Mundial de las Naciones Unidas sobre la Reducción del Riesgo de Desastres en la ciudad japonesa de Sendai, Prefectura de Miyagi. Este marco tiene como objetivo general lograr la reducción sustancial del riesgo y de las pérdidas por desastres en vidas, medios de vida y salud, así como en los activos económicos, físicos, sociales, culturales y ambientales de personas, empresas, comunidades y países durante los próximos años. Sus Metas específicas son las siguientes: Plataformas para la Reducción de Riesgos de Desastres La Plataforma Global es un foro para el intercambio de información, la realización de debates sobre los últimos acontecimientos, la socialización de conocimiento y el establecimiento de alianzas entre los distintos sectores, con el propósito de aumentar la implementación de la reducción del riesgo de desastres mediante una mejor comunicación y coordinación entre los distintos grupos interesados. Esta plataforma permite que los gobiernos, las ONG, los científicos, los profesionales en distintos campos y las organizaciones de las Naciones Unidas compartan experiencias y acuerden lineamientos estratégicos para la aplicación del Marco de Sendai. Las Plataformas Regionales son foros multisectoriales que reflejan el compromiso de los gobiernos para mejorar la coordinación y la realización de actividades para la reducción del riesgo de desastres, mientras establece nexos con iniciativas nacionales e internacionales. Asimismo, la Oficina de las Naciones Unidas para la Reducción del Riesgo de Desastres (UNDRR) fomenta el establecimiento de mecanismos de coordinación multisectorial para la RRD, tales como las Plataformas Nacionales para la Reducción del Riesgo de Desastres, a fin de destacar la relevancia, el valor agregado y la rentabilidad de un enfoque coherente y coordinado para la reducción del riesgo de desastres en el ámbito nacional. En España, la creación de esta Plataforma Nacional no partiría de cero ya que existe el Plan Nacional de Reducción de Riesgos de Desastres. Este plan, que forma parte del Sistema Nacional de Protección Civil, ya establece la arquitectura estratégica necesaria para, o bien utilizarla directamente como el espacio desde el que dirigir las investigaciones y acciones en materia de RRD, o bien como un modelo inspirador para crear un órgano ad hoc específicamente dedicado a esta misión. La urgencia de crear esta Plataforma Anticipar el riesgo es hoy una cuestión de responsabilidad pública y colectiva. La creciente frecuencia de fenómenos extremos, la exposición de infraestructuras críticas y la desigualdad en la capacidad de respuesta exigen una estructura estable de coordinación que funcione de manera permanente y transversal. Solo una visión integrada, que combine ciencia, planificación territorial y cooperación institucional, puede ofrecer una respuesta coherente a los desafíos de esta nueva realidad. La creación de esta Plataforma es una necesidad estratégica. La justificación se basa en dos pilares interconectados: 1.  La nueva realidad de los desastres: la complejidad, intensidad y frecuencia de algunos desastres están aumentando debido, con mucha frecuencia, al cambio climático. Los fenómenos meteorológicos extremos, cada vez más vinculados a este fenómeno, no entienden de fronteras administrativas ni de competencias sectoriales. Los desastres actuales no son eventos aislados, sino crisis encadenadas e interconectadas. Un incendio forestal no es solo un problema para los bomberos; afecta a la biodiversidad, a la calidad del aire, a la salud pública, a la economía local y a las infraestructuras. Entender esta red de interdependencias es la clave para anticipar y reducir los impactos antes de que se transformen en catástrofes. Gestionarlo de forma efectiva requiere de una visión integral que solo puede lograrse con una coordinación multisectorial permanente. 2.  La coherencia y la eficiencia: actuar de forma aislada y fragmentada es ineficiente y costoso. Una Plataforma Nacional permite un enfoque coherente y coordinado. Esto significa: – Evitar duplicidades entre diferentes administraciones. – Compartir información: crear un flujo de datos e inteligencia sobre riesgos que beneficie a todos los actores implicados. – Optimizar recursos: invertir de forma más inteligente en prevención, preparación y respuesta, obteniendo un mayor retorno en seguridad para la ciudadanía. – Dar relevancia: elevar la reducción del riesgo de desastres a la máxima prioridad política, reconociendo su valor crucial para el desarrollo sostenible del país. Hacia una Cultura de la Prevención El verdadero valor de una Plataforma Nacional para la RRD va más allá de la gestión de la emergencia cuando el desastre ya ha ocurrido. Su misión más importante es fomentar una cultura de la prevención. En lugar de limitarnos a ser reactivos —a esperar a que ocurra lo peor para actuar—, esta Plataforma permitiría un trabajo proactivo que permitiría identificar los riesgos antes de que se materialicen, de fortalecer las infraestructuras críticas, de educar a la población, de planificar el uso del territorio de forma más segura y de asegurar que nuestros sistemas de alerta temprana sean lo más robustos posibles. Fomentar la cultura de la prevención es también fomentar la equidad. Los desastres afectan con mayor dureza a las comunidades más vulnerables (quienes viven en viviendas precarias, en zonas de riesgo o con menos acceso a la información). Una Plataforma Nacional puede convertirse en un instrumento para fortalecer la justicia territorial y social, garantizando que nadie quede atrás ante los impactos climáticos y ambientales. Al estar anclada en estructuras ya existentes como las derivadas del Plan Nacional de Reducción de Riesgos de Desastres, y con el respaldo del Consejo Nacional de Protección Civil, la Plataforma tendría la autoridad y la capacidad para impulsar este cambio de mentalidad,
Opinión

Gobernar la ciudad más allá de la ciudad

Las grandes áreas urbanas del siglo XXI ya no caben dentro de los límites de sus municipios. La expansión de las ciudades, la movilidad diaria entre localidades y los retos compartidos —desde la vivienda hasta el cambio climático— exigen una gobernanza metropolitana, capaz de coordinar decisiones que afectan a millones de personas y a territorios interconectados. Pensar en una escala metropolitana Las ciudades actuales funcionan como redes vivas. Las personas residen en un municipio, trabajan en otro, consumen recursos que vienen de un tercero y generan impactos ambientales que se extienden mucho más allá de sus fronteras administrativas. En este contexto, los problemas urbanos —movilidad, contaminación, vivienda, gestión del agua o residuos— ya no pueden resolverse de forma aislada. Por otro lado, el cambio climático agrava esta situación. Las emergencias asociadas a fenómenos extremos, como las DANA (depresiones aisladas en niveles altos) que afectan recurrentemente al Mediterráneo, o los incendios, revelan las limitaciones de la gestión fragmentada. Cuando cada ayuntamiento actúa por su cuenta, se ralentiza la respuesta y se pierden recursos valiosos. La gestión de riesgos climáticos, como inundaciones, olas de calor o incendios forestales, exige una visión que trascienda los límites municipales y aborde los fenómenos a escala territorial. Las decisiones sobre urbanización, infraestructuras o usos del suelo en un municipio pueden tener efectos directos sobre los territorios vecinos. Una planificación metropolitana permite delimitar los usos del suelo con una visión amplia, garantizar una proporción adecuada de superficies permeables e infraestructuras capaces de absorber y retener el agua, asegurar espacios de laminación y drenaje, y revisar infraestructuras supramunicipales que pueden actuar como barreras o trampas de avenidas. Al mismo tiempo, esta escala de gestión facilita coordinar la disponibilidad de refugios climáticos de distinta tipología, organizar redes de centros sanitarios y logísticos para atender a población desplazada, y prever espacios de acopio y distribución de ayuda en emergencias de gran escala. Esta mirada integral amplía el foco de la gestión del territorio y permite responder con mayor eficacia y equidad ante la complejidad de los riesgos contemporáneos. Un órgano metropolitano ofrece un marco institucional común para coordinar políticas, compartir infraestructuras, optimizar servicios y anticipar riesgos climáticos, orientado a gobernar el territorio real, y no solo el nivel administrativo. Barcelona como referencia: una gestión integrada El Área Metropolitana de Barcelona (AMB) es el ejemplo más avanzado de este tipo de gobernanza en España. Agrupa a 36 municipios y gestiona competencias amplias que van desde el urbanismo hasta la movilidad, la vivienda, el medio ambiente o el desarrollo económico. Algunas de sus áreas clave son las siguientes: • Ordenación del territorio y urbanismo: planifica el crecimiento urbano con criterios de sostenibilidad, equilibrio social y eficiencia territorial. • Transporte y movilidad: coordina autobuses, metro y redes metropolitanas, fomentando la intermodalidad y la reducción de emisiones. • Medio ambiente y sostenibilidad: gestiona el ciclo del agua, los residuos y programas de protección ambiental y biodiversidad, incluyendo un plan metropolitano de lucha contra el cambio climático. • Energías renovables: impulsa instalaciones sostenibles y apoya la transición energética de los municipios. • Vivienda y cohesión social: actúa por delegación de los ayuntamientos para garantizar una política de suelo solidaria entre municipios. • Desarrollo económico y empleo: fomenta la innovación, la creación de empresas y la competitividad regional. Este modelo demuestra que la cooperación institucional amplía la capacidad de acción frente a desafíos que ningún municipio puede resolver por sí solo, aunque la capital sea tan importante como Barcelona. Una oportunidad por aprovechar frente a los desafíos actuales El contraste entre AMB y las mancomunidades de municipios que existen muestra cómo un órgano metropolitano integra la planificación estratégica y coordina los recursos, mientras que las mancomunidades actuales se limitan a la gestión de servicios puntuales, lo cual no alcanza la escala estratégica necesaria para abordar los grandes retos urbanos y ambientales de la región que abarcan. Ciudades como Valencia y su entorno forman una de las áreas metropolitanas más dinámicas del Mediterráneo, con un metabolismo social integrado: los flujos de personas, recursos, energía y residuos circulan diariamente entre municipios. Pero carece de un órgano político capaz de coordinar ese metabolismo y transformarlo hacia la sostenibilidad. Algo similar sucede en otras áreas metropolitanas, que existen en la realidad socioeconómica pero no en la administrativa. Crear un ente metropolitano de gestión —con competencias claras en movilidad, vivienda, planificación territorial y adaptación climática— permitiría mejorar la eficiencia institucional, reducir duplicidades y anticipar riesgos ambientales como los derivados del cambio climático. Adaptación al cambio climático: una visión integrada La creación de órganos metropolitanos no es solo una cuestión de gobernanza, sino una estrategia de adaptación climática. Las aglomeraciones urbanas concentran población, infraestructuras críticas y emisiones, pero también concentran capacidad de innovación y de acción colectiva. Un sistema metropolitano bien diseñado puede: • Coordinar planes de emergencia y protección civil ante fenómenos extremos, integrando la gestión de riesgos climáticos (inundaciones, olas de calor e incendios…) mediante infraestructuras de refugio, sistemas de alerta temprana y redes supramunicipales de asistencia y apoyo. • Gestionar el ciclo del agua y los residuos de forma integrada. • Reducir las emisiones mediante transporte público y energía limpia. • Planificar la expansión urbana evitando zonas de riesgo climático. • Impulsar la resiliencia económica y social, garantizando igualdad territorial. En definitiva, permite pasar de la reacción a la prevención estratégica, con decisiones basadas en datos y cooperación, y a la cultura de la resiliencia, con estructuras y mecanismos diseñados para garantizar la capacidad de resistir. P. Cotarelo y O. Mayoral