Ekona

Confrontando la crisis del coronavirus: por una Renta Básica de Pandemia, con el ejemplo de España

22 Jun 2020

La crisis del coronavirus es de una escala similar, y posiblemente aún mayor, a la gran crisis de 2007-9. Su impacto podría ser decisivo en el desarrollo a largo plazo de la economía mundial por dos razones. En primer lugar, el capitalismo neoliberal financiero entró en la crisis en un estado de debilidad estructural, especialmente en los Estados Unidos. Si la ponemos en contexto, en la crisis financiera de 2008, los principales Estados nacionales tomaron medidas para rescatar las finanzas, prevenir amenazas estructurales a la financiarización y la globalización; además de cargar los costes de los ajustes a las personas trabajadoras y pobres. No es de extrañar, entonces, que los años desde 2009 a 2019 lleven los signos de un sistema social en declive, atrapado en conflictos de intereses ingestionables. Durante este período, la inversión, la producción y la acumulación de capital fueron históricamente débiles, particularmente en Europa. Aún más notable fue la debilidad del crecimiento de la productividad, a pesar de la retórica constante sobre una nueva «revolución industrial» a través de la inteligencia artificial. Al mismo tiempo, se mantuvieron las profundas desigualdades de la financiarización neoliberal e incluso empeoraron, ya que los ricos estaban protegidos por la maquinaria estatal. Finalmente, se hizo evidente, incluso para algunos economistas obstinadamente pro-sistémicos, que el núcleo del capitalismo global estaba estancado.

En segundo lugar, los estados se han visto obligados a aplicar políticas extraordinarias debido a la diferente naturaleza de la crisis. De hecho, nunca ha habido una crisis similar en la historia del capitalismo. En este contexto extraordinario, como en otros momentos similares de la historia, hay luchas entre intereses conflictivos que implican cambios significativos en las sociedades, incluso en algunos casos, cambios de paradigma. En los últimos meses, se han mostrado signos que indicaban que los representantes del capital internacional y de los oligarcas nacionales están intentando conducir la crisis hacia sus intereses, en contra de los medios de vida de los trabajadores. La manera de evitarlo y de obtener un nuevo contrato social basado en los intereses de las mayorías social y laboral es saber qué nuevas limitaciones nos impone esta crisis y ser valientes a la hora de proponer nuevas estructuras socioeconómicas y mecanismos de convivencia.

El carácter diferenciado de la crisis del coronavirus

En primer lugar, los confinamientos afectaron inmediatamente al lado de la producción y a la circulación de bienes y servicios. Se produjo un impacto importante en la manufactura que interrumpió las cadenas de suministro interconectadas y el comercio internacional, reduciendo la disponibilidad de insumos. El choque fue manifiestamente más grave en el campo de la prestación de servicios, especialmente en viajes, turismo, entretenimiento, restaurantes, hoteles, pubs, etc. En segundo lugar, los confinamientos también afectaron inmediatamente al lado de la demanda mundial, al restringir el contacto social y obligar a las personas a permanecer en casa. El consumo disminuyó apresuradamente, causando un salto en el ahorro; tal vez también como respuesta a la profunda incertidumbre creada por la enfermedad y las respuestas sin precedentes de los estados.  La inversión se ha desmoronado por igual, ya que las empresas dejaron de lado sus planes de inversión ante la extrema incertidumbre. En tercer lugar, los confinamientos también afectaron a las finanzas, desinflando inmediatamente las burbujas de los mercados bursátiles de todo el mundo, pero también restringiendo los flujos de capital a los países en desarrollo y aumentando la perspectiva de una crisis financiera mundial en su expresión final.

Ante el desastre económico producido por el parón en la actividad, los estados nación tuvieron que responder con urgencia.

El gobierno de los Estados Unidos fortaleció su hegemonía mundial mediante el suministro de dólares, pero el resto de sus intervenciones fueron mucho menos seguras. Así, suministró enormes cantidades de liquidez a la economía nacional a través de su banco central, la Reserva Federal (Fed), llevando las tasas de interés prácticamente a cero y animando a las empresas privadas a endeudarse.  

Dada la escasez de liquidez internacional, a medida que los flujos de capital se secaban y el comercio se veía afectado, la Reserva Federal volvió a intervenir y contribuyó con dólares a través de canjes en los bancos centrales con los que también había negociado en la crisis anterior. No sólo eso, sino que la Fed también permitió a las instituciones obtener dólares cambiando bonos del Tesoro de los Estados Unidos. Además, parece que la necesidad más apremiante de dólares esta vez no se originó en los bancos europeos involucrados en transacciones especulativas con bancos estadounidenses, sino con instituciones japonesas que anteriormente habían proporcionado fondos en el mercado de pasivos titulizados de préstamos entre empresas estadounidenses. Las acciones del gobierno de los Estados Unidos indicaron que se pretendía evitar cualquier amenaza al papel del dólar como moneda mundial.  El dólar se volvería aún más dominante después de la crisis.

El contraste con China es notable. Las políticas económicas adoptadas por China reflejan la estructura de su economía, mucho menos financiarizada, así como su diferente equilibrio interno de poder. En lugar de depender principalmente de incentivos a las empresas privadas, el estado chino impulsó el empleo directamente a través de la movilización de empresas operadas por el estado, que siguen siendo cruciales para el núcleo de su economía. También lanzó un amplio programa de inversión pública en nuevas tecnologías, incluyendo el 5G. Aun así, el estado chino ha decidido no centrar sus esfuerzos en apoyar los ingresos personales, transfiriendo gran parte de la carga a los pobres, y se ha inclinado proporcionalmente menos en el suministro de crédito a través del banco central. La crisis económica es, sin duda, grave en China, pero el resultado es más leve en términos de desempleo y acumulación de capital.

El contraste con la UE es igualmente fuerte. En la UE, la crisis fue afrontada, en gran medida, de forma independiente por cada estado nación, sin coordinación alguna. Para los estados de la UE que forman parte del euro, la respuesta monetaria fue dictada por el Banco Central Europeo (BCE), que inicialmente fue reacio a proporcionar liquidez barata y abundante, pero finalmente introdujo su Programa de Pandemia, que la ofreció de manera abundante. Es esencial tener en cuenta que el programa contraviene los últimos remanentes del funcionamiento basado en normas del BCE, en total contraste con la lógica de su sistema institucional. El banco central proporcionaría liquidez al aceptar bonos estatales de baja solvencia crediticia (como los de Grecia) y rompiendo la «clave de capital» de sus estados miembros, es decir, en proporciones no relacionadas con su contribución a su capital. Días después de que se adoptaran estas medidas, el Tribunal Constitucional alemán tomó una decisión que impugna las políticas de suministro de liquidez que el BCE ha aplicado desde 2014. Eso supone un golpe a las políticas actuales del BCE y a la legislación europea, que puede tener profundas implicaciones para la supervivencia de la zona del euro.

Sin embargo, las diferencias más pronunciadas se relacionan con la política fiscal. También a este respecto, se abandonó el proceso de toma de decisiones basado en normas a favor de la discrecionalidad, que naturalmente sería ejercida por los estados nacionales. El Pacto de Estabilidad y Crecimiento, que supuestamente establecía el marco de la política fiscal en la UEM y más allá, fue suspendido, con lo cual se declaró de hecho una tregua en la austeridad. Los Estados nacionales podrían gastar de acuerdo a sus recursos. Al mismo tiempo, también se suspendió la regulación de las ayudas estatales, que controla la extensión de la ayuda estatal a la industria nacional con la supuesta intención de crear un «campo de juego equilibrado» en la UE. Los estados nacionales también podrían apoyar a sus industrias de acuerdo con sus recursos. Así pues, el euro perdió todos los últimos rastros de funcionamiento basado en reglas.

En abril, los gobiernos de la zona euro acordaron que se habilitarían 250.000 millones de euros como créditos para gastos en salud; se proporcionarían préstamos de 100.000 millones de euros para cubrir las subvenciones al desempleo; y se ofrecieron 25.000 millones como garantía de crédito para préstamos a pymes. Sin embargo, fue mucho más importante la propuesta de la Comisión Europea de poner en marcha un fondo de recuperación que habilitaría 750.000 millones de euros para gastos fiscales, de los cuales 400.000 millones serían en forma de subvenciones y el resto como préstamos baratos durante el período 2021-24. Los principales receptores serían las periferias de Europa Meridional y Central de la UE. El dinero se obtendría con endeudamiento de la Comisión en los mercados abiertos y se devolvería a través de impuestos adjuntos al presupuesto de la Comisión. La iniciativa de la Comisión impulsó a la UE hacia una forma de deuda conjunta, pero lo que es más importante, indicó que los países hegemónicos han comenzado a darse cuenta de la magnitud de la amenaza existencial para la UE que supone el coronavirus. Los detalles del plan aún están por anunciar, pero el cambio de dirección es importante.

Esta respuesta, aparentemente unificada, es una prueba más de que las viejas divisiones que habían asolado a la UE en el curso de la crisis de la eurozona han reaparecido con un nuevo disfraz. Una vez más Alemania es la protagonista. Está en el camino de reforzar su posición hegemónica, y su élite dirigente comienza a darse cuenta de que la nueva crisis podría inhabilitar decisivamente el mercado de la UE, que es efectivamente un mercado interno alemán. El punto fundamental aquí es que incluso si finalmente se hace un fondo común de alguna sustancia bajo el liderazgo de Alemania y Francia, esto no aumentará las fuerzas integradoras en la UE.

El terreno por delante

Al considerar cómo cubrir el costo de la crisis, es esencial tener en cuenta que es similar a una crisis capitalista que requiere un impulso en la demanda para evitar que los recursos existentes se inutilicen y se degraden. El costo inicial debe ser cubierto con endeudamiento público. En ningún caso deben aplicarse medidas generales de austeridad, que generarían una contracción de la prestación sanitaria y la reducción de los salarios. Cuando se movilicen los recursos existentes, estos generarán rendimientos a través de los cuales se cubrirán los costes iniciales. Para evitar problemas de distribución derivados de la deuda, que dan a los ricos reclamaciones adicionales sobre los recursos futuros, debe aumentar la tributación de los ricos, así como cancelaciones selectivas de deuda.

La intervención sostenida del gobierno para reestructurar la oferta, permitiéndole responder al impulso de la demanda, es mucho más crucial a este respecto. La debilidad de la oferta después de años de financiarización neoliberal y concentración de poder en manos de nuevos monopolios necesita pasos mucho más audaces que proporcionar crédito barato a las empresas privadas. La situación requiere una ola de inversión pública y un profundo cambio en la gestión de la propiedad y los recursos en interés de los trabajadores y la mayoría social. La crisis podría conducir a un cambio en el equilibrio de poder en su favor.

A este respecto, también es crucial tener en cuenta que, si bien algunos proveedores de servicios, como hoteles y restaurantes, han sido devastados, otros que requieren un contacto físico limitado, como Amazon, se han beneficiado enormemente. La prestación del servicio (incluso dentro de la fabricación) también se ha visto afectada por el auge de las instalaciones de vídeo-conferencias, que han beneficiado a los gigantes tecnológicos avanzados, como Microsoft. Los principales monopolios de la era de las finanzas, cuyo poder deriva de las nuevas tecnologías, saldrán de la crisis fuertemente reforzados si no se toman medidas para impedirlo.

En este momento de extrema dificultad, los gobiernos también deben proporcionar ingresos que permitan a las familias superar al menos el umbral de pobreza, y hacerlo durante un largo período de tiempo hasta que la recuperación económica esté en marcha. Esto debe incluir a los pensionistas, los trabajadores por cuenta propia, los trabajadores pobres y los desempleados que de otro modo no tendrían acceso a ningún subsidio. A este respecto, la adopción de una Renta Básica de Pandemia (RBP) sería un paso importante para impulsar la demanda de manera sostenida y crear condiciones favorables para una intervención pública audaz en el lado de la oferta. La Renta Básica de la Pandemia funcionaría como un impuesto sobre la renta de carácter negativo. Esto significa que esta renta podría ser recaudada parcial o totalmente en la declaración al final del año fiscal. Esta medida tendría un fuerte impacto en la demanda. Estimamos que el efecto multiplicador de los gastos en España sería superior a 1,3. Esto significa que cada euro gastado aumentaría el PIB en más de 1,3 euros. Por lo tanto, el impacto expansivo en la demanda de cada euro gastado sería significativo, reduciendo el tamaño del déficit con el aumento del PIB. Además, esto significaría que una parte de este gasto volvería al estado en forma de impuestos. Nuestras estimaciones conservadoras son que al menos el 50% de los gastos serían recaudados a través de impuestos. El efecto combinado del multiplicador de gastos y la recuperación de los ingresos fiscales reduciría el costo fiscal de esta renta al 3,9% del PIB. Un análisis de sensibilidad y la ampliación del pago de la RBP de 8 a 12 meses nos proporciona un rango del 2% al 6% del PIB de costo fiscal neto. Además, estimamos que habría un ahorro mínimo de 15.000 millones de euros en prestaciones de desempleo hasta finales de año, ya que ambos subsidios serían complementarios al importe de la Renta Básica de la Pandemia. Además, evitaría que el presupuesto de salud pública creciera en varios miles de millones de euros.

Una Renta Básica de Pandemia adecuadamente definida, podría demostrarse una herramienta importante para hacer frente a la crisis y cambiar el equilibrio social en favor de la clase trabajadora. Podría ser una manera efectiva de dar un golpe al capitalismo neoliberal que ha dominado la vida económica y social durante cuatro décadas. La RBP sería un elemento clave para reactivar la demanda y, por supuesto, mejorar las condiciones de vida de la población. Además, es el paso necesario para generar el apoyo para que las inversiones públicas den sus frutos en la reactivación y reestructuración de la oferta, lo que podría facilitar una transición desde la RBP a la inserción laboral de sus beneficiarios.

A este respecto, es esencial tener en cuenta que la inversión pública para la recuperación debe estar sujeta a determinadas condiciones sociales. La inversión pública debe formar parte de un plan de transformación social y ambiental. Cuando la intervención pública directa no sea una opción, los fondos de recuperación proporcionados a empresas privadas en forma de crédito o subvenciones deben condicionarse a indicadores ambientales, sociales y gubernamentales (ESG) que sean representativos de estos tres pilares, y que puedan ser medidos y objetivados a través de certificación o auditoría. Además, esto debe permitir evaluar correctamente el impacto social, ambiental y en la gobernanza de la inversión pública. La generalización de este sistema de certificación ESG requeriría aplicarlo a la contratación pública, que representa el 14 % del PIB en la UE. Estas condiciones favorecerían que las grandes empresas transiten hacia mayores grados de sostenibilidad y reequilibrarían la provisión de fondos públicos en favor de las pequeñas y medianas empresas, que son fundamentales para mantener el empleo y constituyen una importante columna vertebral social.

Además, el plan de recuperación necesita profundidad y amplitud, lo que significa que necesita una amplia extensión con un alto grado de granularidad institucional. Para tener éxito en este sentido, el esfuerzo del plan de recuperación debe distribuirse entre los diferentes niveles de las administraciones públicas, con especial énfasis en las administraciones locales, que deberían ver un aumento de su financiación y su capacidad política.  Los planes de recuperación locales deben ajustarse y reforzarse con políticas sociales e industriales de nivel superior, que sean coherentes con las necesidades y recursos específicos de cada región.

Servicios públicos e impuestos

Para reforzar el alcance de la oferta de nuestras economías y mejorar la resiliencia de nuestras sociedades en caso de una crisis futura, se deberán desmercantilizar y reforzar los servicios públicos que han estado bajo tensión durante la crisis y que no han podido responder adecuadamente. Los servicios de salud y atención social, además de los sistemas de transporte público y logística, y la educación pública, requieren una atención especial.

Para ello, será necesario aumentar el carácter progresivo de los sistemas tributarios, evitando que las empresas que no cumplan las condiciones mínimas de interés común accedan a las ayudas públicas, limitando las fugas de capital, aumentando la fiscalidad a las grandes empresas y prohibiendo la elusión fiscal. En Canadá, Dinamarca, Francia y Polonia, por ejemplo, las empresas con sedes registradas en la lista de paraísos fiscales de la UE no podrán acceder a subvenciones públicas que se concedan para proteger el suministro de bienes y servicios a nivel nacional, proteger los puestos de trabajo y mantener los ingresos fiscales. Estas modestas medidas deben generalizarse y profundizarse para poner fin a la elusión fiscal y cerrar todos los paraísos fiscales.

Otra sugerencia interesante es la de Portugal, aunque hasta ahora no ha habido ninguna medida específica al respecto, en la que tanto el gobierno como la oposición han defendido públicamente que los bancos no deben obtener ningún beneficio durante los años 2020 y 2021, y que deberían aumentar la provisión de crédito para apoyar a la economía a cambio de los rescates que recibieron después de 2008. Esta debería ser la segunda mejor alternativa a la nacionalización de los grandes bancos.

Conclusión

Las relaciones económicas y sociales existentes se remodelarán profundamente a medida que los gobiernos tomen medidas para hacer frente a la crisis. Esto no significa en absoluto que el neoliberalismo se vaya a destruir a sí mismo. Los conflictos sociales de clase y de otros tipos, se agudizarán; de hecho, ya lo están haciendo. La inevitable turbulencia ofrece una oportunidad histórica a la izquierda para cambiar el equilibrio de fuerzas en beneficio del trabajo y contra el capital.

Por todo ello, será absolutamente necesario presionar y llevar a cabo acciones concertadas, desde abajo, que obliguen a las fuerzas dominantes del capital a retroceder. La demanda de una Renta Básica de Pandemia podría desempeñar un papel muy importante en este sentido.

C. Lapavitsas, L. Torrens, S. Cutillas y P. Cotarelo

Artículo originalmente publicado en: https://sobiranies.cat/es/confrontant-la-crisi-del-coronavirus-per-una-renda-basica-de-pandemia-amb-evidencia-despanya/

También te puede interesar

Opinión

Petrodólar 2.0

Henry Kissinger viajó a Riad (Arabia Saudí) en 1974 para presentar a la familia real saudí una propuesta que pudiera aliviar los problemas financieros derivados de la crisis del petróleo, la guerra de Vietnam y el abandono del patrón oro, con el fin de evitar una pérdida significativa de su poder económico e influencia a nivel mundial. El acuerdo con la Casa de Saud fue el siguiente: a cambio de equipamiento militar avanzado y formación, junto con garantías de seguridad, Arabia Saudí utilizaría exclusivamente dólares estadounidenses para la fijación de precios y la venta de petróleo[1]. Otros países de la OPEP siguieron su ejemplo en 1975, aunque no obtuvieron el mismo acuerdo que Arabia Saudí. Dado que prácticamente todo el mundo importaba petróleo de la OPEP, todo el mundo necesitaba ahora dólares. Esto restableció la demanda del dólar en los mercados de divisas. Esto reforzó el dominio del dólar como moneda de reserva mundial. El dólar ya no estaba respaldado por el oro, sino por el «patrón oro negro». A partir de ese momento, el mundo tuvo que hacerse con dólares para poder comprar petróleo. La forma más fácil de tener dólares era comprar deuda pública estadounidense. Esto posibilitó en las siguientes décadas la creación de un sistema financiero global dependiente de los intereses estadounidenses. Un mundo en transformación Gracias al petrodólar, Estados Unidos ha creado un sistema de control geopolítico sin precedentes en la historia. Aunque actualmente los dólares se crean principalmente en el seno del sistema financiero privado y no a través de la Reserva Federal, el sistema que vincula el dólar al comercio del petróleo mantiene un marco de control geopolítico. El mundo ha demandado dólares durante décadas porque los necesita para comprar petróleo, lo que otorga al sistema financiero estadounidense una influencia muy importante, ya sea a través de sanciones cuando las transacciones pasen por bancos corresponsales de Nueva York (el sistema de compensación CHIPS) o mediante otros mecanismos del sector privado. Este ha sido el marco principal del sistema durante 50 años, pero recientemente algo ha cambiado. El cambio comenzó con el auge del llamado Sur Global en la escena geopolítica, al mismo tiempo que los mecanismos de control vinculados al dólar se estaban convirtiendo en una camisa de fuerza excesivamente opresiva para sus soberanías nacionales. En este sentido, observamos dos tendencias clave hacia la liberación: el comercio de petróleo en monedas distintas del dólar y la retirada del sistema de pagos SWIFT. No fue la primera medida, pero sin duda fue una de las más significativas: Arabia Saudí decidió no renovar este acuerdo del petrodólar cuando expirara el 9 de junio de 2024. Esto permitió a Arabia Saudí empezar a vender petróleo en monedas distintas del dólar estadounidense, lo que podría debilitar el dominio del dólar si esto supone el primer paso de la creación de un sistema que sustituya al mercado que ha estado sosteniendo el dólar. La creación del BRICS como foro de colaboración entre los países del Sur Global representa un contrapeso simbólico y práctico al dominio estadounidense, tal y como demuestra su nuevo sistema de pagos. Al intentar eludir el sistema de pagos SWIFT, controlado por Estados Unidos, estos países también evitan las crecientes sanciones económicas impuestas a las naciones que no se alinean con los intereses estadounidenses. Aunque BRICS Pay sigue en fase de desarrollo y aún no es plenamente operativo, forma parte de un esfuerzo estratégico más amplio para reducir la dependencia del dólar estadounidense, reforzar la soberanía financiera y crear una infraestructura de pagos global alternativa al margen de los sistemas controlados por Occidente[2]. La geopolítica a toda velocidad En los últimos años, y especialmente en los últimos meses, EE. UU. ha llevado a cabo una serie de medidas que pueden interpretarse como un intento de mantener su dominio sobre el mercado energético, al tiempo que preserva el papel internacional del dólar y reduce los riesgos de su pérdida gradual del estatus de moneda de reserva. Esta estrategia se basa en una triple forma de control:     Control sobre los yacimientos petrolíferos.     Control sobre las rutas de los flujos físicos.     Control sobre los flujos financieros generados por la industria de los combustibles fósiles. En realidad, el enfoque actual de EE. UU. no difiere mucho del histórico «sistema del petrodólar». Las dos primeras medidas de control se refieren al aspecto físico del «concepto del petrodólar», mientras que la tercera pertenece a su dimensión monetaria. Sin embargo, quizá lo novedoso en este caso resida, por un lado, en el grado de agresividad mostrado —algo nuevo para nuestra generación— y, por otro, en algunas de las tácticas específicas empleadas, como las destinadas a controlar las rutas de tránsito. En cuanto a esto último, cabe señalar que ello podría poner en peligro la libertad de navegación en los mares, un principio garantizado en gran medida por la Armada de los Estados Unidos y que se ha dado por sentado en el sistema económico mundial durante muchas décadas. Control sobre los yacimientos petrolíferos Los orígenes del petrodólar ayudaron a Estados Unidos a ejercer influencia sobre una gran parte de los yacimientos petrolíferos de Asia Occidental. La posterior creación en 1981 del Consejo de Cooperación del Golfo (CCG) entre los países del Golfo Pérsico —Arabia Saudí, Kuwait, Baréin, Emiratos Árabes Unidos, Catar y Omán— reforzó aún más la influencia estadounidense en la región, que cuenta con la mayor concentración de recursos de combustibles fósiles. Aquí, la administración estadounidense ha intervenido repetidamente: ha librado dos guerras en Irak en las últimas décadas; en Irán, instaló al Sha a mediados del siglo XX, instigó la guerra liderada por el Irak de Sadam Husein contra Irán en la década de 1980 tras la Revolución Islámica, ha impuesto sanciones económicas al país durante años y recientemente lo ha atacado junto con Israel con el permiso de la mayoría de los miembros del CCG. El año pasado, Estados Unidos inició un bloqueo contra Venezuela, el país con las mayores reservas probadas de petróleo. A principios
Opinión

¿Se puede realizar una investigación integral en España? El caso de la DANA de Valencia de 2024

La dana ha puesto de relieve la necesidad y la conveniencia de disponer de una estructura muy organizada de investigación integral e interdisciplinaria que permita extraer aprendizajes de fenómenos complejos para adaptarnos como sociedad,reduciendo riesgos y daños potenciales asociados, de forma que también se puedan aplicar a situaciones parecidas en otros territorios.Un estudio de estas características, además de su indudable utilidad científica, tendría una relevancia sociopolítica sin precedentes, puesto que permitiría crear las estructuras y establecer mecanismos y procesos que posibilitaran emprender investigaciones integrales en relación con otros fenómenos y en otros lugares.En consecuencia, proponemos impulsar un estudio integral, sostenido y coordinado entre los tres niveles de gobierno del Estado, con datos abiertos, métricas comunes y un bucle de evaluación-aprendizaje; articular el conocimiento en red para su traslado a políticas públicas; construir una red coordinada de conocimiento alrededor de la dana, y vincular de manera sistemática investigación y políticas públicas para avanzar en resiliencia. Este enfoque permitiría capitalizar los aprendizajes de la dana de 2024 en la Comunidad Valenciana y fortalecer la preparación ante acontecimientos futuros en todo el territorio. Este extracto forma parte del capítulo elaborado por Ekona y la profesora Olga Mayoral para el informe Aquello que tenemos que aprender de la dana de València, que se presentó el 9 de junio de 2026 en octubre Centro de Cultura Contemporánea (OCCC), corresponde al Informe Transversal del Instituto de Estudios Catalanes (IEC) de 2025, coeditado con Publicaciones de la Universitat de València (PUV). Recoge las voces y reflexiones de Ekona y de 21 expertos y expertas más sobre la catástrofe de la dana que afectó el País Valenciano en octubre de 2024. El informe Aquello que tenemos que aprender de la dana de València se puede encontrar en el siguiente enlace (en catalán): https://puv.uv.es/documents/get/document/id/7857/allo_que_hem_aprendre_dana_valencia_mostra.pdf
Opinión

La DANA como factor integrador de la investigación en el Parc Natural de l´Albufera

La DANA del 29 de octubre de 2024 no solo alteró el territorio del Parc Natural de l’Albufera (PNA), sino que transformó su ecosistema investigador. El aumento de estudios, la ampliación de enfoques y la aparición de nuevas colaboraciones revelan un impulso hacia formas de investigación más integradas. En un contexto donde la Comisión Científica ya articula el conocimiento del PNA, se evidencia el valor de avanzar hacia una visión multidimensional para mejorar la comprensión y la gestión del territorio. La DANA ha actuado como factor integrador del ecosistema investigador vinculado al PNA. Ha impulsado una evolución en la comunidad científica, motivando que grupos tradicionalmente centrados en áreas específicas amplíen o redefinan sus objetos de estudio para incorporar dimensiones que previamente quedaban fuera de su foco. Paralelamente, ha incrementado la visibilidad social e institucional de la actividad investigadora, reforzando el reconocimiento de su valor público. Este proceso se ha concretado en nuevas contrataciones, colaboraciones interdisciplinares y espacios de encuentro entre equipos y actores que anteriormente operaban de manera fragmentada. Esta dinámica emergente sugiere la posibilidad de un cambio de paradigma: pasar de una producción de conocimiento fragmentada a una investigación más integral, coordinada y orientada a la gestión del territorio. Sin embargo, persiste la duda de si esta tendencia responde únicamente a una reacción temporal ante la gravedad del evento o si constituye el inicio de una transformación más estructural en la organización de la investigación en el PNA. En un escenario donde la evolución fuera pasajera, los efectos se limitarían a resolver problemas concretos derivados del episodio, sin implicaciones duraderas. En cambio, si se trata del inicio de una fase de cambio profundo, los beneficios de avanzar hacia una mayor integración serían más amplios y sostenidos. Estos beneficios, coherentes con los marcos conceptuales sobre investigación integral e interdisciplinaria revisados, destacando las ventajas de un enfoque coordinado frente a los estudios parciales realizados hasta la fecha. A partir de la nueva tendencia emergente descrita se abren dos retos: 1.Continuar recopilando información que permita determinar si se trata de un cambio estructural y duradero o de una reacción temporal ante la gravedad del evento. 2.Promover que tanto las instituciones de gestión como las de investigación consoliden este enfoque, incorporando los estudios integrales de manera estable en sus agendas científicas y de planificación territorial. Avanzar en esta dirección permitiría construir una infraestructura robusta de conocimiento aplicado, reforzar la resiliencia del Parque Natural y aportar un modelo replicable en otros territorios expuestos a riesgos climáticos complejos. Para consolidar esta transición hacia una investigación más integrada, resultaría clave el papel coordinador de estructuras ya existentes, como la Comisión Científica del Parc Natural de l’Albufera y la Estación Biológica de l’Albufera (EBA), que actúen como plataformas estables para articular, dar continuidad y facilitar la transferencia del conocimiento científico hacia la gestión del territorio. O. Mayoral y P. Cotarelo Resumen de un póster presentado en las II Jornadas de la Comisión Científica de la Junta Rectora del Parc Natural de l’Albufera “L’Albufera. I ara què?” celebradas en el Jardí Botànic de la Universitat de València los días 26 y 27 de noviembre de 2025.
Opinión

El cambio climático como indicador de calidad de la formación del profesorado

La crisis climática representa uno de los desafíos más urgentes y complejos denuestro tiempo, con implicaciones ambientales, sociales, políticas y éticas. Estecapítulo plantea que el cambio climático no debe abordarse únicamente comoun contenido curricular, sino que, debido a sus particularidades, se puedeutilizar como un indicador multidimensional y transversal para evaluar lacalidad de la formación docente. Para ello, se centra la atención en el propósito que persigue el procesoformativo, cómo se construye y de qué maneras se persigue en el contexto dela realidad del mundo actual. En particular, se analiza la noción de agenciapolítica como propósito de la competencia climática, todavía poco presenteen la formación inicial del profesorado. Se propone que dicha competenciano se limite a transmitir información científica o fomentar conductasindividuales, sino que incluya el desarrollo de capacidades para intervenir enlos procesos de toma de decisiones y en el diseño de respuestas públicasfrente a la crisis climática. El texto se estructura en torno a tres objetivos principales: examinar lascarencias actuales de los programas formativos en relación con laalfabetización climática; argumentar por qué la agencia política debefundamentar el propósito y formar parte del núcleo de competenciasdocentes; y proponer herramientas conceptuales y metodológicas parasu integración curricular. A lo largo del capítulo, se presentan marcosanalíticos, mapas de necesidades formativas y metodologías activas quepermiten avanzar hacia una alfabetización crítica y situada. Finalmente, sedelinean posibles líneas de investigación orientadas a diagnosticar y mejorarla incorporación de esta competencia en los distintos niveles y ámbitos delsistema educativo. El texto anterior forma parte del resumen de un artículo publicado en el siguiente enlace: https://www.miteco.gob.es/content/dam/miteco/es/ceneam/grupos-de-trabajo-y-seminarios/investigacion/XVIII%20Seminario%20Investigaci%C3%B3n%20Educacion%20Ambiental%20y%20Educaci%C3%B3n%20para%20el%20Desarrollo%20Sostenible.pdf.pdf P. Cotarelo y O. Mayoral
Opinión

Creación de un indicador compuesto para medir el desempeño universitario en la aplicación de la Agenda 2030

Naciones Unidas ha destacado el papel de la Universidad en la promoción e implementación de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) definidos en la Agenda 2030. La educación e investigación universitarias, su capacidad de innovar, liderazgo social y posición privilegiada para trenzar alianzas intersectoriales, la sitúan como un actor esencial de la transición ecosocial. En el contexto de un proyecto de creación y desarrollo de un Observatorio universitario de seguimiento de la aplicación de los ODS de la Agenda 2030 en la UCM, se realiza la creación de un sistema de medición del desempeño de la universidad en dicha aplicación de la Agenda 2030, en coherencia con las inquietudes sociales, las preocupaciones de la comunidad universitaria y las declaraciones institucionales de las personas representantes de la propia entidad. La metodología empleada se basó en el “Handbook on Constructing Composite Indicators” de la OECD y el JRC para crear un indicador compuesto que permitiera resumir fenómenos complejos de manera simple, comparar entre actores similares con facilidad, y ofrecer información representativa. Las fuentes de los datos empleadas fueron diversas: fuentes online; consultas directas mediante los canales ofrecidos por la Universidad; entrevistas a actores relevantes de la Universidad con diferentes perfiles, experiencias y aproximaciones a la temática; obtención directa de datos mediante la observación in situ; y una encuesta dirigida mediante el Observatorio del Estudiante de la Universidad. Para la definición de los indicadores, un grupo de 30 investigadores e investigadoras de diferentes facultades utilizaron tres niveles de análisis de la actividad universitaria: campus, docencia e investigación, discursos y prácticas institucionales. Como resultado de ello se establecieron indicadores para cada uno de estos tres niveles de análisis referidos a todos los ODS. Tras el proceso de normalización, ponderación y agregación se consolidó un indicador compuesto de más de 400 indicadores, divididos equitativamente en los tres niveles de análisis. Únicamente para una tercera parte de estos indicadores se obtuvieron datos fiables en el primer año de aplicación (2024). El resultado del indicador compuesto en estas condiciones concedió a la Universidad un grado de desempeño medio-bajo. Si bien el número de indicadores utilizados para la construcción del indicador compuesto es suficiente para dar valor a la calificación media-baja de la universidad, estos resultados deben ser corroborados en años sucesivos con el trabajo de recopilación de datos para alcanzar grados de representatividad más cercanos al 100%. Por otra parte, es necesario señalar que, tanto el número de indicadores que conforman el indicador compuesto como sus estándares, también forman parte de un proceso vivo que se alimentará cada año a partir de los resultados iniciales. La revisión de los estándares de los indicadores del sistema establecerá objetivos progresivamente más ambiciosos hasta alcanzar el óptimo para cada uno de ellos y en conjunto en 2030. P. Cotarelo El texto anterior forma parte del resumen de un artículo publicado en el siguiente enlace (págs. 349-358): https://www.miteco.gob.es/content/dam/miteco/es/ceneam/grupos-de-trabajo-y-seminarios/investigacion/XVIII%20Seminario%20Investigaci%C3%B3n%20Educacion%20Ambiental%20y%2
Opinión

Reconocimiento por la labor sobre la DANA

El Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades ha reconocido el papel que ha jugado Ekona en colaboración con Olga Mayoral, subdirectora del Jardín Botánico y profesora de la Universidad de Valencia, al organizar espacios de diálogo y encuentro entre investigadoras e investigadores de disciplinas muy diversas que trabajan en territorios afectados por la DANA. Esta labor incluye múltiples entrevistas y espacios de trabajo con más de 80 personas del ámbito de la investigación, de la gestión, así como de organizaciones de la sociedad civil, con el fin de extraer aprendizajes sólidos sobre las causas, los impactos y los procesos de gestión de un fenómeno tan multidimensional como la DANA de 2024. Estas sesiones han permitido construir una lectura compleja y diversa de la DANA, combinando diferentes aproximaciones y marcos analíticos que enriquecen la comprensión profunda del fenómeno y sus efectos en el territorio. Más información: https://www.jardibotanic.org/?apid=cultura_i_comunicacio&id=721&idioma=_spa P. Cotarelo y O. Mayoral
Opinión

La necesidad de una Plataforma Nacional para la Reducción del Riesgo de Desastres

En un contexto marcado por el cambio climático y por una creciente exposición social, económica y ambiental al riesgo, la reducción del riesgo de desastres (RRD) se ha convertido en una prioridad estratégica. Ya no hablamos solo de emergencias puntuales, sino de un fenómeno estructural que condiciona la seguridad humana, la estabilidad económica y la sostenibilidad. Los desastres, cada vez más frecuentes y complejos, son el síntoma visible de un sistema que necesita anticipación, cooperación y conocimiento compartido. En este sentido, el Marco de Sendai para la Reducción del Riesgo de Desastres 2015-2030 fue adoptado por los Estados Miembros de la ONU el 18 de marzo de 2015 en la Tercera Conferencia Mundial de las Naciones Unidas sobre la Reducción del Riesgo de Desastres en la ciudad japonesa de Sendai, Prefectura de Miyagi. Este marco tiene como objetivo general lograr la reducción sustancial del riesgo y de las pérdidas por desastres en vidas, medios de vida y salud, así como en los activos económicos, físicos, sociales, culturales y ambientales de personas, empresas, comunidades y países durante los próximos años. Sus Metas específicas son las siguientes: Plataformas para la Reducción de Riesgos de Desastres La Plataforma Global es un foro para el intercambio de información, la realización de debates sobre los últimos acontecimientos, la socialización de conocimiento y el establecimiento de alianzas entre los distintos sectores, con el propósito de aumentar la implementación de la reducción del riesgo de desastres mediante una mejor comunicación y coordinación entre los distintos grupos interesados. Esta plataforma permite que los gobiernos, las ONG, los científicos, los profesionales en distintos campos y las organizaciones de las Naciones Unidas compartan experiencias y acuerden lineamientos estratégicos para la aplicación del Marco de Sendai. Las Plataformas Regionales son foros multisectoriales que reflejan el compromiso de los gobiernos para mejorar la coordinación y la realización de actividades para la reducción del riesgo de desastres, mientras establece nexos con iniciativas nacionales e internacionales. Asimismo, la Oficina de las Naciones Unidas para la Reducción del Riesgo de Desastres (UNDRR) fomenta el establecimiento de mecanismos de coordinación multisectorial para la RRD, tales como las Plataformas Nacionales para la Reducción del Riesgo de Desastres, a fin de destacar la relevancia, el valor agregado y la rentabilidad de un enfoque coherente y coordinado para la reducción del riesgo de desastres en el ámbito nacional. En España, la creación de esta Plataforma Nacional no partiría de cero ya que existe el Plan Nacional de Reducción de Riesgos de Desastres. Este plan, que forma parte del Sistema Nacional de Protección Civil, ya establece la arquitectura estratégica necesaria para, o bien utilizarla directamente como el espacio desde el que dirigir las investigaciones y acciones en materia de RRD, o bien como un modelo inspirador para crear un órgano ad hoc específicamente dedicado a esta misión. La urgencia de crear esta Plataforma Anticipar el riesgo es hoy una cuestión de responsabilidad pública y colectiva. La creciente frecuencia de fenómenos extremos, la exposición de infraestructuras críticas y la desigualdad en la capacidad de respuesta exigen una estructura estable de coordinación que funcione de manera permanente y transversal. Solo una visión integrada, que combine ciencia, planificación territorial y cooperación institucional, puede ofrecer una respuesta coherente a los desafíos de esta nueva realidad. La creación de esta Plataforma es una necesidad estratégica. La justificación se basa en dos pilares interconectados: 1.  La nueva realidad de los desastres: la complejidad, intensidad y frecuencia de algunos desastres están aumentando debido, con mucha frecuencia, al cambio climático. Los fenómenos meteorológicos extremos, cada vez más vinculados a este fenómeno, no entienden de fronteras administrativas ni de competencias sectoriales. Los desastres actuales no son eventos aislados, sino crisis encadenadas e interconectadas. Un incendio forestal no es solo un problema para los bomberos; afecta a la biodiversidad, a la calidad del aire, a la salud pública, a la economía local y a las infraestructuras. Entender esta red de interdependencias es la clave para anticipar y reducir los impactos antes de que se transformen en catástrofes. Gestionarlo de forma efectiva requiere de una visión integral que solo puede lograrse con una coordinación multisectorial permanente. 2.  La coherencia y la eficiencia: actuar de forma aislada y fragmentada es ineficiente y costoso. Una Plataforma Nacional permite un enfoque coherente y coordinado. Esto significa: – Evitar duplicidades entre diferentes administraciones. – Compartir información: crear un flujo de datos e inteligencia sobre riesgos que beneficie a todos los actores implicados. – Optimizar recursos: invertir de forma más inteligente en prevención, preparación y respuesta, obteniendo un mayor retorno en seguridad para la ciudadanía. – Dar relevancia: elevar la reducción del riesgo de desastres a la máxima prioridad política, reconociendo su valor crucial para el desarrollo sostenible del país. Hacia una Cultura de la Prevención El verdadero valor de una Plataforma Nacional para la RRD va más allá de la gestión de la emergencia cuando el desastre ya ha ocurrido. Su misión más importante es fomentar una cultura de la prevención. En lugar de limitarnos a ser reactivos —a esperar a que ocurra lo peor para actuar—, esta Plataforma permitiría un trabajo proactivo que permitiría identificar los riesgos antes de que se materialicen, de fortalecer las infraestructuras críticas, de educar a la población, de planificar el uso del territorio de forma más segura y de asegurar que nuestros sistemas de alerta temprana sean lo más robustos posibles. Fomentar la cultura de la prevención es también fomentar la equidad. Los desastres afectan con mayor dureza a las comunidades más vulnerables (quienes viven en viviendas precarias, en zonas de riesgo o con menos acceso a la información). Una Plataforma Nacional puede convertirse en un instrumento para fortalecer la justicia territorial y social, garantizando que nadie quede atrás ante los impactos climáticos y ambientales. Al estar anclada en estructuras ya existentes como las derivadas del Plan Nacional de Reducción de Riesgos de Desastres, y con el respaldo del Consejo Nacional de Protección Civil, la Plataforma tendría la autoridad y la capacidad para impulsar este cambio de mentalidad,
Opinión

Gobernar la ciudad más allá de la ciudad

Las grandes áreas urbanas del siglo XXI ya no caben dentro de los límites de sus municipios. La expansión de las ciudades, la movilidad diaria entre localidades y los retos compartidos —desde la vivienda hasta el cambio climático— exigen una gobernanza metropolitana, capaz de coordinar decisiones que afectan a millones de personas y a territorios interconectados. Pensar en una escala metropolitana Las ciudades actuales funcionan como redes vivas. Las personas residen en un municipio, trabajan en otro, consumen recursos que vienen de un tercero y generan impactos ambientales que se extienden mucho más allá de sus fronteras administrativas. En este contexto, los problemas urbanos —movilidad, contaminación, vivienda, gestión del agua o residuos— ya no pueden resolverse de forma aislada. Por otro lado, el cambio climático agrava esta situación. Las emergencias asociadas a fenómenos extremos, como las DANA (depresiones aisladas en niveles altos) que afectan recurrentemente al Mediterráneo, o los incendios, revelan las limitaciones de la gestión fragmentada. Cuando cada ayuntamiento actúa por su cuenta, se ralentiza la respuesta y se pierden recursos valiosos. La gestión de riesgos climáticos, como inundaciones, olas de calor o incendios forestales, exige una visión que trascienda los límites municipales y aborde los fenómenos a escala territorial. Las decisiones sobre urbanización, infraestructuras o usos del suelo en un municipio pueden tener efectos directos sobre los territorios vecinos. Una planificación metropolitana permite delimitar los usos del suelo con una visión amplia, garantizar una proporción adecuada de superficies permeables e infraestructuras capaces de absorber y retener el agua, asegurar espacios de laminación y drenaje, y revisar infraestructuras supramunicipales que pueden actuar como barreras o trampas de avenidas. Al mismo tiempo, esta escala de gestión facilita coordinar la disponibilidad de refugios climáticos de distinta tipología, organizar redes de centros sanitarios y logísticos para atender a población desplazada, y prever espacios de acopio y distribución de ayuda en emergencias de gran escala. Esta mirada integral amplía el foco de la gestión del territorio y permite responder con mayor eficacia y equidad ante la complejidad de los riesgos contemporáneos. Un órgano metropolitano ofrece un marco institucional común para coordinar políticas, compartir infraestructuras, optimizar servicios y anticipar riesgos climáticos, orientado a gobernar el territorio real, y no solo el nivel administrativo. Barcelona como referencia: una gestión integrada El Área Metropolitana de Barcelona (AMB) es el ejemplo más avanzado de este tipo de gobernanza en España. Agrupa a 36 municipios y gestiona competencias amplias que van desde el urbanismo hasta la movilidad, la vivienda, el medio ambiente o el desarrollo económico. Algunas de sus áreas clave son las siguientes: • Ordenación del territorio y urbanismo: planifica el crecimiento urbano con criterios de sostenibilidad, equilibrio social y eficiencia territorial. • Transporte y movilidad: coordina autobuses, metro y redes metropolitanas, fomentando la intermodalidad y la reducción de emisiones. • Medio ambiente y sostenibilidad: gestiona el ciclo del agua, los residuos y programas de protección ambiental y biodiversidad, incluyendo un plan metropolitano de lucha contra el cambio climático. • Energías renovables: impulsa instalaciones sostenibles y apoya la transición energética de los municipios. • Vivienda y cohesión social: actúa por delegación de los ayuntamientos para garantizar una política de suelo solidaria entre municipios. • Desarrollo económico y empleo: fomenta la innovación, la creación de empresas y la competitividad regional. Este modelo demuestra que la cooperación institucional amplía la capacidad de acción frente a desafíos que ningún municipio puede resolver por sí solo, aunque la capital sea tan importante como Barcelona. Una oportunidad por aprovechar frente a los desafíos actuales El contraste entre AMB y las mancomunidades de municipios que existen muestra cómo un órgano metropolitano integra la planificación estratégica y coordina los recursos, mientras que las mancomunidades actuales se limitan a la gestión de servicios puntuales, lo cual no alcanza la escala estratégica necesaria para abordar los grandes retos urbanos y ambientales de la región que abarcan. Ciudades como Valencia y su entorno forman una de las áreas metropolitanas más dinámicas del Mediterráneo, con un metabolismo social integrado: los flujos de personas, recursos, energía y residuos circulan diariamente entre municipios. Pero carece de un órgano político capaz de coordinar ese metabolismo y transformarlo hacia la sostenibilidad. Algo similar sucede en otras áreas metropolitanas, que existen en la realidad socioeconómica pero no en la administrativa. Crear un ente metropolitano de gestión —con competencias claras en movilidad, vivienda, planificación territorial y adaptación climática— permitiría mejorar la eficiencia institucional, reducir duplicidades y anticipar riesgos ambientales como los derivados del cambio climático. Adaptación al cambio climático: una visión integrada La creación de órganos metropolitanos no es solo una cuestión de gobernanza, sino una estrategia de adaptación climática. Las aglomeraciones urbanas concentran población, infraestructuras críticas y emisiones, pero también concentran capacidad de innovación y de acción colectiva. Un sistema metropolitano bien diseñado puede: • Coordinar planes de emergencia y protección civil ante fenómenos extremos, integrando la gestión de riesgos climáticos (inundaciones, olas de calor e incendios…) mediante infraestructuras de refugio, sistemas de alerta temprana y redes supramunicipales de asistencia y apoyo. • Gestionar el ciclo del agua y los residuos de forma integrada. • Reducir las emisiones mediante transporte público y energía limpia. • Planificar la expansión urbana evitando zonas de riesgo climático. • Impulsar la resiliencia económica y social, garantizando igualdad territorial. En definitiva, permite pasar de la reacción a la prevención estratégica, con decisiones basadas en datos y cooperación, y a la cultura de la resiliencia, con estructuras y mecanismos diseñados para garantizar la capacidad de resistir. P. Cotarelo y O. Mayoral